Ibm desata la fiebre de compras: krishna ve verde en ia y la cartera se abre
Menos de cuatro meses. Eso es lo que IBM ha tardado en digerir su última pieza del tablero tecnológico, Confluent, y Arvind Krishna ya avisa: la lista de candidatos sigue creciendo. El CEO de la centenaria IBM aprovechó una entrevista con Bloomberg este lunes 17 de marzo para decirlo sin anestesia: el clima regulatorio «se ha vuelto más amable» y la compañía planea cerrar más operaciones de inteligencia artificial e infraestructura híbrida antes de que acabe el año.
El mensaje para wall street: fusión sí, pero con números
La declaración llega cuando Goldman Sachs acaba de colocar a IBM dentro de su cesta de 12 valores de IA recomendados. El banco no regala adhesivos; necesita flujo y margen. Krishna lo sabe y, por eso, matiza: «No vamos a comprar por comprar; vamos a comprar flujo de caja recurrente». Traducción: licencias de software, suscripciones en la nube y bases de datos que generen factura cada mes.
El directivo también usó la conversación para lanzar un aviso a navegantes. Si el conflicto en Oriente Medio se enquista, el 20 % de la plantilla regional ya está sufriendo cortes de acceso a clientes. La frase suena a anécdota hasta que uno revisa la cuenta de resultados: la división de consultoría ha arrastrado crecimiento negativo durante los últimos dos trimestres. Krishna promete que la segunda mitad del año «volteará la tortilla», pero los inversores llevan la calculadora en mano.

¿Por qué ahora y no antes?
La Administración Trump dejó un legado más que un testamento: menos trámites para aprobaciones antitrust y un dólar fuerte que encarece la vida a la competencia europea. IBM lleva dos décadas intentando emanciparse del hardware y facturar por servicios. La jugada de comprar empresas nativas en IA permite a la vieja dama del sector vestirse de startup sin perder la cartera de clientes Fortune 500.
El mercado lo ha entendido. Desde que Krishna asumió el cargo en 2020, el título ha repuntado un 68 %, pero sigue a años luz del rally de NVIDIA o Palantir. Aquí entra la obsesión de Goldman: buscar nombres con valor relativo, aquellos que cotizan por debajo de 20 veces beneficios futuros y que, además, reparten dividendo. IBM cumple las dos condiciones y, de paso, regala un 3,7 % de rentabilidad por cupón.
El riesgo está servido. Fusionar culturas tecnológicas es como casar gatos con perros: alguien acaba arañado. Y la presión de los tipos de interés, aunque baje, sige el coste de la deuda que IBM emitirá para financiar la próxima tanda de adquisiciones. La empresa cerró 2025 con 11 000 millones de deuda neta; cada compra nueva añade leña a la hoguera.
Krishna lo resume con una frase que suena a epitafio: «En tecnología, quedarse quieto es el único movimiento que garantiza la muerte». IBM ha decidido correr. Veremos si la cartera de sus accionarios aguanta el sprint.