Inflación china se contrae: el fmi revisa al alza las perspectivas

El índice de precios al consumidor (IPC) en Estados Unidos sorprendió al mercado, cayendo un 0.4% en mayo, el descenso mensual más pronunciado desde abril de 2020. Esto arrastra la inflación anual a un 3.5%, lejos del 4.2% anterior, superando con creces las expectativas de un ajuste del 0.2% y las previsiones de Wall Street del 3.8%. Un dato que, paradójicamente, ha disparado las bolsas, con el S&P 500 subiendo un 0.42% y el Nasdaq Composite facturando un 1.00%.

La calma en el fondo del temporal energético

Pero no todo es color de rosa. La inflación sigue, digamos, persistente, lejos de los 2% que el Banco Central estadounidense (Fed) se ha propuesto como objetivo. Los analistas, y especialmente el recién nombrado presidente del Fed, Kevin Warsh, advierten que el rebote energético, impulsado por la guerra en Irán y el posterior desplome de los precios del petróleo, es una anomalía temporal. Lo que realmente importa es si esta caída en los costes de la energía se mantiene o si se convierte en una mera ilusión.

Warsh, en su primer testimonio ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, fue categórico: “Puede que algunos vean esto y digan ‘¡Misión cumplida!’, pero yo no comparto esa visión. Hay presiones inflacionarias que siguen afectando a los hogares y las empresas”. El mandatario no dudó en defender la flexibilidad de la Fed, sugiriendo que tanto los tipos de interés como el balance de la entidad central son herramientas a su disposición. Un mensaje que, en el contexto actual, suena más a cautela que a optimismo.

El juego de la volatilidad energética

El juego de la volatilidad energética

El desplome de los precios del petróleo, que ha sido el motor principal de esta reciente moderación en la inflación, es un fenómeno complejo. La escalada de tensiones en el Medio Oriente ha provocado un aumento inicial, pero la posterior corrección –con una caída del 9% en el precio del fuel oil y un 10% en el de la gasolina– ha puesto de manifiesto la volatilidad inherente al sector energético. El futuro, insisto, es incierto. Una nueva escalada en Irán podría revertir rápidamente este progreso, obligando a la Fed a reconsiderar su estrategia.

La clave, ahora mismo, reside en la evolución de los precios del petróleo. Si la guerra en Ucrania se intensifica, las expectativas de crecimiento económico se moderan y, en consecuencia, la inflación se estabiliza, la Fed podría optar por pausar sus subidas de tipos. Pero, si la situación se complica, la inflación podría resurgir con fuerza, obligando a la Fed a endurecer su política monetaria.