La armada de ee.uu. tarda 15 años en un submarino y ya ha gastado 15.400 millones
La Armada de EE.UU. necesitará casi dos legislaturas para poner en el agua el primer Columbia, el submarino nuclear que sustituirá a los veteranos Ohio. Han pasado diez años desde el anuncio, tres hasta el primer corte de acero y aún faltan seis para que el USS District of Columbia esté listo para disparar. Mientras, los cheques se firman a la carrera: 15.400 millones de dólares en un solo golpe para General Dynamics el pasado viernes.
El dinero fluye más rápido que el acero
El contrato cubre hasta 2035 y abarca desde el diseño de los 12 barcos planeados hasta la modernización de astilleros que también construirán los Virginia, los SSN de ataque. La factura total del programa ya se fija en 126.500 millones, según la Government Accountability Office. Salen 10.500 millones por casco; casi el PIB anual de Estonia.
General Dynamics se quedará con el 78 % de cada unidad; Huntington Ingalls se encargará de proa y popa. Si todo va como en los papeles —un supuesto que en el Pentágono suena a chiste—, GD embolsará 99.000 millones y HII el resto. Pero el contrato lleva ya el sello de la ley de Parkinson: plazos que se estiran y costes que se hinchan.

El valor refugio que dispara sus propios márgenes
El inversor debe mirar la cuenta de resultados, no el portaviones. General Dynamics cotiza a 22 veces beneficios y crece al 10,5 % anual: un PEG de 2,0, dos veces lo que tolera un gestor value. Huntington Ingalls, con un PER de 25,7, promete un crecimiento del 14 % y un PEG de 1,8. Además, genera 794 millones de flujo libre, un 31 % por encima del beneficio neto. Su price-to-free cash flow baja de 20. Más rápida, más barata y con menos deuda.
El Columbia no es solo un submarino; es un pozo de cash garantizado por el contribuyente norteamericano. Quien quiera exponerse al déficit público que nunca se nombra, Huntington Ingalls ofrece mejor relación riesgo-rentabilidad. La Armada tardará quince años en mudar de flota; el mercado, apenas quince minutos en revalorizar la factura.
