La pizza se enfría: 500 tiendas cierran y el sector teme un efecto dominó

El olor a queso derretido ya no es sinónimo de negocio rentable. En menos de un año, Papa John's, Domino's y Pieology han anunciado el cierre de casi 500 restaurantes en EE.UU. y el recorte de miles de empleos. La fórmula de la pizza exprés —más rápida, más barata, más digital— ha chocado contra la pared de la inflación, la saturación de locales y el cansancio del consumidor.

El desplome empieza en las franquicias

Papa John's fue el primero en tirar la toalla: 300 tiendas fuera antes de 2027, 200 de ellas antes de finales de 2026. La compañía no precisó ubicaciones, pero los analistas apuntan a zonas rurales y centros urbanos donde la guerra de los 5,99 $ ya no se sostiene. Además, la cadena despedirá al 7 % de su plantilla corporativa. El mensaje a los inversores fue claro: “Reducimos costes para proteger márgenes”. La acción subió un 4 % tras el anuncio; los franquiciados, sin embargo, vieron caer sus valoraciones a la mitad en días.

La historia se repite en Domino's Pizza Enterprises, el mayor operador global de la marca. La empresa prevé cerrar 205 locales en 2025. El golpe más duro llegó desde California: North County Pizza Inc., franquiciado histórico en Oceanside, presentó el 11 de marzo su petición de Chapter 11 para reorganizar deudas que superan los 30 millones de dólares. Fue el primer caso formal de quiebra en la cadena desde 2019.

Hawaii despide a la pizza artesanal

Hawaii despide a la pizza artesanal

Mientras tanto, en el paraíso del Pacífico, Cotti Foods Pizza Hawaii apagó los hornos. La franquiciada de Pieology cerrará sus cinco restaurantes en Honolulu, Aina Haina, Aiea, Kailua y Kane‘ohe entre marzo y mayo de 2026. El 56 empleados recibirán cartas de despido escalonadas; la empresa promete “reubicar a la mayoría” en sus 227 locales de Taco Bell y Wendy’s, aunque sin garantía de salario equivalente. El cierre supone la despedida de la marca en el archipiélago.

El fin de Pieology en Hawaii es solo la punta del iceberg. Su matriz, The Little Brown Box Pizza LLC, ya había entrado en reorganización el pasado 8 de diciembre. De 200 tiendas en 2020, la cadena ha reducido su red a 45. El modelo “pizza personalizada al estilo chipotle” dejó de seducir cuando los costes de la masa artesanal se duplicaron y los clientes migraron a ofertas de 7,99 $ con entrega en 15 minutos.

¿Quién paga la cuenta?

¿Quién paga la cuenta?

Los franquiciados. Siempre los franquiciados. Firmaron contratos de rentas triple-net cuando el tráfico crecía al 8 % anual. Ahora, con ventas planas y royalties que se comen hasta el 6 % de los ingresos, muchos operan en números rojos. El sector calcula que uno de cada cuatro locales de pizza en EE.UU. factura por debajo del umbral de rentabilidad. Las cadenas, protegidas por la estructura corporativa, trasladan el riesgo al pie de tienda.

El consumidor, por ahora, solo ve beneficios: cupones más agresivos, promociones de 2x1 y repartidores que llegan hasta la puerta en bicicleta eléctrica. Pero la ecuación es insostenible. Si la desinflación de la pizza sigue, la próxima víctima será el empleo juvenil que históricamente ha encontrado en estas cadenas su primera nómina.

La burbuja de la pizza exprés estalló. Y, como siempre, quien menos tenía que perder ha perdido todo.