Las empresas usan la excusa de la ia para despedir sin miramientos
En la última oleada de recortes, la IA se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto. Más de la mitad de los directivos de RRHH reconoce que mencionan «automatización» para justificar despidos porque suena mejor que «estamos en números rojos». La realidad: en 2025 la tecnología apenas ha destruido 100 000 empleos, pero la narrativa vende.
El truco tiene nombre: AI washing. Funca igual que el greenwashing de los 2000: un barniz de innovación que oculta recortes, cierres o simples ajustes contables. Jack Dorsey anunció en enero que Block despide al 45 % de su plantilla «para aprovechar la IA». Amazon, Salesforce y Chegg repitieron la letanía. El mercado aplaudió, los inversores traguaron y los reguladores miraron para otro lado.
El manual del blanqueo tecnológico
El paso uno es sencillo: mezclar en la misma frase «eficiencia» y «algoritmos». Paso dos: proyectar ahorros millonarios sin desglosar cómo. Paso tres: repetir la palabra AI hasta la saciedad en la call de resultados. Funcionó. En el cuarto trimestre, 331 empresas citaron la sigla en sus presentaciones, récord de la décica, según FactSet.
Los analistas empiezan a despejar la niebla. Michael Ni, de Constellation Research, avisa que la fiebre se disparará en abril, cuando se publiquen los primeros informes tras la temporada de resultados. «Los CEOs tienen que demostrar que no se quedaron atrás; si no, el castigo bursátil es inmediato». La prueba: cuando Anthropic lanzó su asistente legal, las acciones de Thomson Reuters y RELX se hundieron en una sola sesión.

Software en el punto de mira
El miedo se concentra en el universo SaaS. A la prensa le encantó bautizar la sangría como SaaSpocalypse: si tu producto no tiene una historia de IA que contar, tu descuento en bolsa es del 20 % de media. «Vender software sin narrativa algorítmica hoy es como vender ropa sin Instagram», resume Ni.
Pero la estadística desmonta el mito. El sondeo de Resume.org revela que 6 de cada 10 directivos de talento admite que la IA es un placebo comunicativo: «Suena a futuro, no a crisis». La ironía: cuanto más se habla de robots, menos robots hay desembarcando realmente. El verdadero motor de los despidos sigue siendo la caída de ingresos, la deuda cara y la desaceleración del consumo.
La próxima vez que una multinacional anuncie «reestructuración digital», la pregunta ya no es cuántos algoritmos entrarán, sino cuántos ejecutivos saldrán por la puerta de atrás mientras el cargamento de GPUs sigue en el almacén. La respuesta, en el próximo informe de resultados, será la cifra que importa: la de empleos que nunca volverán y la de excusas que ya no cuela.
