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Lilly apuesta 2.750 millones por la ia para descubrir la próxima bomba de ventas

Eli Lilly acaba de abrir la cartera con la misma velocidad con la que su tratamiento contra la obesidad pulveriza los números de ventas. La farmacéutica ha firmado un cheque inicial de 115 millones de dólares para convertirse en la distribuidora exclusiva de los fármacos que Insilico Medicine —una start-up de Hong Kong que diseña moléculas con inteligencia artificial— logre sacar adelante. La factura final podría dispararse hasta los 2.750 millones si los candidatos superan ensayos y reguladores.

Por qué lilly se juega la yema del huevo

La obsesión de Lilly por la IA no es capricho de laboratorio. Desde que Mounjaro y Zepbond se convirtieron en el dulce de las bolsas de inversión, la compañía necesita abastecer el tubo de ensayo con la misma rapidez que las inyecciones vuelan de las farmacias. El acuerdo con Insilico le garantiza un catálogo de compuestos sin tener que desembolsar los costes de descubrimiento hasta que la molécula demuestre que funciona.

La fórmula es brutal: Insilico aporta el algoritmo que barre millones de combinaciones químicas en días; Lilly pone la maquinaria de ensayos clínicos y la red global de ventas. Repartición de riesgos, reparto de beneficios. Hasta ahora, la plataforma de la china ha colocado aproximadamente 14 de sus 28 fármacos en fase clínica, un porcentaje que hace palidecer a la industria tradicional.

El dato que inquieta a la competencia

El dato que inquieta a la competencia

Lilly no es la única que se sube al carro de la IA, pero sí la que más se juega. Novartis, Sanofi y Roche han firmado alianzas similares, pero ninguna ha desembolsado un techo tan elevado. El mensaje es claro: quien no use algoritmos para encontrar la próxima blockbuster se quedará fuera del pastel. La acción de Lilly repuntó un escaso 1 % en la apertura del lunes, un gesto tímido que no disimula el desplome del 20 % acumulado en el año. La culpa: los temores a que la moda de los fármacos contra la obesidad tocara techo. Con este movimiento, Lilly apuesta a que el techo es más alto de lo que piensan los analistas.

El acuerdo también dibuja otro mapa geopolítico: Insilico entrena sus modelos en Canadá y Emiratos, pero los primeros ensayos en humanos se realizan en China. La transferencia de know-how hacia Oriente se consolida mientras Occidente paga por acceder a la vía rápida de la innovación.

La conclusión es tozuda: la próxima píldora que te recete tu médico podría nacer de un algoritmo que ni siquiera duerme. Y Lilly acaba de reservar la fila cero para llevarsela al bolsillo.