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Marmite y colman's: unilever cede íconos británicos a mccormick por 66.000 millones

La tradición culinaria británica sufre un golpe: Unilever ha cedido sus marcas Marmite, Colman's, Hellmann’s, Knorr y Bovril a McCormick, la gigante estadounidense de especias y salsas, en un acuerdo de 66.000 millones de dólares. La operación, que aún requiere aprobación regulatoria, marca un cambio drástico en la estrategia de Unilever y abre un debate sobre la mercantilización de productos arraigados en la cultura nacional.

Un cambio de manos con sabor a incertidumbre

Según los términos del acuerdo, McCormick, conocida por sus productos como French’s mustard y Schwartz herbs, controlará estas marcas emblemáticas, que se suman a su ya extenso portafolio. Fernando Fernández, CEO de Unilever, justifica la transacción como un paso “decisivo” para enfocar la compañía en categorías de alto crecimiento, como los productos de cuidado personal y el hogar. Pero la cifra habla por sí sola: 66.000 millones de dólares, una suma que inevitablemente alimenta el temor a recortes de personal y reubicación de la producción.

La historia de Marmite, nacida en 1902 a partir de excedentes de levadura de la cervecería Bass en Burton-on-Trent, y la de Colman's, que cultiva mostaza desde 1814 en Norwich, son símbolos de la industria alimentaria británica. Brendan Foley, presidente de McCormick, no ha descartado la posibilidad de optimizar la cadena de suministro, lo que podría traducirse en cierres de fábricas en el Reino Unido y una reevaluación de los costes laborales.

Pero hay un detalle que preocupa a los expertos: la pérdida de identidad. John Farrand, del Guild of Fine Food, se lamenta de que estas marcas “se convertirán en un número en una hoja de cálculo”. La venta sigue una tendencia preocupante de adquisiciones estadounidenses de marcas británicas históricas, como Cadbury y Lea & Perrins, erosionando el patrimonio culinario del país.

Unilever se repliega, mccormick expande su imperio

Unilever se repliega, mccormick expande su imperio

Tras la venta, Unilever se concentra en su negocio de productos para el hogar y el cuidado personal, incluyendo marcas como Dove, Vaseline y Lynx. La compañía también ha separado recientemente su división de helados, creando The Magnum Ice Cream Company, que ahora alberga Ben & Jerry’s y Cornetto. El acuerdo con McCormick le reportará 15.700 millones de dólares en efectivo, pero el impacto en el mercado ya se ha notado: las acciones de Unilever cayeron más del 7% tras el anuncio.

Los analistas, como Chris Beckett de Quilter Cheviot, advierten que la operación aún está lejos de ser definitiva y podría enfrentarse a obstáculos regulatorios. Sin embargo, la decisión de Unilever de deshacerse de un amplio abanico de marcas consolida su apuesta por un futuro centrado en productos de mayor margen y crecimiento, dejando atrás un legado de sabores que, para muchos, se desvanecerá bajo el control estadounidense. La pregunta ahora es: ¿qué precio estaremos dispuestos a pagar por la eficiencia y la globalización?