Mars se cuela en el consejo de novo nordisk: la guerra por el apetito acaba de empezar
Novo Nordisk acaba de abrirle la puerta de su consejo a quien más puede perder con el auge de sus fármacos adelgazantes. Poul Weihrauch, CEO de Mars, se sentará desde 2026 como observador en la sala donde se diseña la estrategia de Ozempic y Wegovy. La jugada es tan audaz como reveladora: el rey de los caramelos, mueslis y comida para mascotas quiere estar dentro de la empresa que está apagando el hambre del planeta.
El hombre que vende chocolatinas aprenderá a vender saciedad
Weihrauch lleva 24 años en Mars. Empezó con Snickers en Europa y acabó supervisando 140.000 empleados y un portafolio que factura más de 45.000 millones anuales. Ahora pasará sus jueves en Copenhague escuchando cómo Novo planea saturar el mercado con GLP-1 mientras sus propios clientes compran menos M&Ms. La ironía es deliciosa: cuantas más inyecciones se vendan, menos bolsas de pet food volarán de las estanterías.
La compañía danesa no se anda con rodeos: “Aporta visión de multinacional de consumo, marca y cadena de suministro”, dicen. Traducción: saben que los datos de supermercado empiezan a sangrar y quieren al jefe de uno de los mayores fabricantes de ultraprocesados para anticipar cuánto sangrará. La primera reunión con voto será en la junta de 2027, pero el periodo de observación ya es una red de información privilegiada.

Los números que asustan a las snacks
Los últimos estudios de Morgan Stanley estiman que los usuarios de GLP-1 reducen el gasto en snacks en un 30 %. Aplica la regla de tres: si los 40 millones de americanos que podrían tomar estos fármacos en 2030 cumplen el guion, desaparecerían del tablero unos 9.000 millones de dólares de ventas de comida basura. El portafolio de Mars –Dove, Twix, Pedigree, Uncle Ben’s– está directamente en la línea de fuego.
Pero hay un giro de guion: en vez de enfrentarse, Mars se sube al carro. La lógica es perversa y brillante. Si no puedes frenar la oleada, estudia a los que la provocan, copia sus fórmulas y, cuando llegue el momento, compra o alía. Weihrauch en el consejo es un campo de pruebas. Desde dentro puede detectar cuándo Novo empiece a patentar alimentos “compañeros” de la terapia o cuando necesite una red logística global para distribuir sus próximas píldoras de saciedad.
La maniobra recuerda a cuando PepsiCo fichó al exdirectivo médico de la OMS para vigilar la guerra al azúcar. El resultado fue una gama de “snacks mejorados” y adquisiciones en nutrición funcional. Mars ya ha comprado empresas de proteína vegetal y snacks saludables; con Weihrauch en la sala de jefes, la velocidad de desinversión en caramelos podría acelerarse.
El precio de la cura
Wall Street no se ha inmutado: las acciones de Mars permanecen en manos privadas, pero los bonos de la compañía subieron dos puntos básicos tras el anuncio. El mensaje es claro: los fondos ven un seguro de riesgo. Novo, por su parte, gana un radar en cada supermercado del planeta. La simbiosis está servida.
La moraleja es más cruda que un Twix sin envoltorio: en la nueva economía del apetito, el enemigo paga la entrada para vigilar cómo lo desmantelan. Mientras tanto, los consumidores inyectan GLP-1, los inversores cuentan calorías y Mars aprende a ganar dinero cuando la gente deja de comer. Bienvenidos al tablero donde la saciedad se cotiza por acciones y el hambre ya no es negocio, pero el antídoto sí.