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Mccormick absorbe los alimentos de unilever en un pacto de 44.800 millones

El 31 de marzo, dos gigantes de la alimentación firmaron el acuerdo que reordena el tablero de las marcas de cocina más reconocibles del planeta. McCormick y Unilever anunciaron una fusión que valora el negocio de alimentos del grupo británico-holandés en 44.800 millones de dólares. No es una adquisición al uso: es una reestructuración que cambia la naturaleza de ambas compañías de forma simultánea.

Cómo se reparte el pastel: accionistas, deuda y control

La estructura del acuerdo merece atención. Unilever y sus accionistas recibirán acciones equivalentes al 65% del capital diluido de la empresa combinada, valoradas en 29.100 millones de dólares según el precio ponderado por volumen de McCormick en el último mes. A eso se suman 15.700 millones en efectivo. Cuando se cierre la operación, los accionistas de Unilever controlarán el 55,1% del nuevo grupo, los de McCormick el 35%, y Unilever como entidad retendrá un 9,9%.

Para financiar ese desembolso en metálico, McCormick recurrirá a su caja y a nueva deuda. Ya tiene comprometida la financiación puente de Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley. El apalancamiento neto al cierre se situará en 4,0 veces o menos, con el objetivo de reducirlo a 3,0 veces en dos años. No es un balance cómodo, pero tampoco es territorio desconocido para una empresa con el historial de generación de caja de McCormick.

Las marcas que se sientan a la misma mesa

Las marcas que se sientan a la misma mesa

La combinación reúne dos catálogos que, juntos, cubren prácticamente cualquier despensa occidental. Del lado de Unilever llegan Knorr y Hellmann's, que por sí solos representan cerca del 70% de las ventas del negocio de alimentos que se transfiere. McCormick aporta Frank's RedHot, French's, Cholula, OLD BAY y Lawry's. El resultado es una empresa con ingresos proyectados de aproximadamente20.000 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2025.

Las sinergias estimadas ascienden a 600 millones de dólares anuales en régimen de crucero, netas de reinversiones, y se esperan para finales del tercer año tras el cierre. El coste de conseguirlas: unos 300 millones en gastos extraordinarios. La aritmética, sobre el papel, funciona.

Mccormick manda, pero unilever no desaparece del consejo

Mccormick manda, pero unilever no desaparece del consejo

La compañía combinada mantendrá el nombre de McCormick, su sede global en Hunt Valley, Maryland, y su cotización en la Bolsa de Nueva York. Brendan Foley seguirá como presidente, consejero delegado y chairman. Unilever designará cuatro de los doce miembros del consejo de administración, lo que le garantiza presencia sin control. La sede internacional se establecerá en Países Bajos, y está prevista una cotización secundaria en Europa.

La operación utiliza una estructura Reverse Morris Trust, lo que implica que ni Unilever ni sus accionistas deberían tributar por el impuesto federal sobre la renta en Estados Unidos. Ambos consejos ya han dado luz verde. El cierre se espera para mediados de 2027, sujeto a la aprobación de los accionistas de McCormick y de los reguladores.

Unilever se deshace de la cocina para quedarse con el baño

Para entender por qué Unilever acepta ceder activos de este calibre, hay que mirar su estrategia a largo plazo. El grupo lleva años desprendiéndose de todo lo que huela a cuchara. La escisión de su negocio de helados fue el primer movimiento visible. Esta fusión es el más grande. Tras la separación, Unilever operará como una compañía centrada en cuidado personal y del hogar con unos ingresos de aproximadamente 39.000 millones de euros. Según el Wall Street Journal, es la mayor reorganización de su cartera desde que la empresa fue fundada hace casi un siglo.

La lógica es clara: los márgenes en cuidado personal son más altos, la fidelidad de marca es más resistente a la presión de las marcas blancas, y el ciclo de innovación permite cobrar una prima que los caldos y las salsas difícilmente justifican. Unilever no abandona la alimentación por debilidad; la vende porque tiene algo más rentable que construir. Y McCormick, con este movimiento, deja de ser una empresa de especias para convertirse en uno de los grandes propietarios de marcas de alimentación del mundo occidental.