Merck desembolsa 6.700 m$ para blindar su futuro sin keytruda

Merck acaba de rasgar el cheque más gordo del año en pharma: 6.700 millones de dólares por la pequeña Terns Pharma y su fármaco experimental contra la leucemia mieloide crónica. El mensaje es claro: la casa se prepara para la caída del paraguas Keytruda, cuya patente se evaporará antes de que termine la década.

Una prima del 6% que wall street tragó con sed

Los títulos de Terns cerraron en 53$ tras el anuncio, un salto del 5,5% en la sesión. Merck paga esa prima sin pestañear; necesita rellenar el hueco que dejará Keytruda, que aporta más de 20.000 M$ anuales. La operación se suma a la compra de Acceleron por 11.500 M$ en 2021 y triplica el pipeline de fase III desde entonces.

TERN-701, el activo estrella, aún cruza ensayos de fase II, pero Merck ya lo visualiza como el sustituto de referencia en oncología. La dueña de laboratorios en Nueva Jersey no puede esperar: los biosimilares de Keytruda aceitan los taladros para 2028.

El reloj corre más rápido que los reguladores

El reloj corre más rápido que los reguladores

El cierre está previsto para el segundo trimestre de 2026, justo cuando Merck enfrenta la pérdida de exclusividad en Europa y, poco después, en EE.UU. Cada trimestre que gana es otro cofre de 5.000 M$ que se evaporará si no hay sucesor listo.

La estrategia es simple: comprar antes de que los datos maduren y los precios se disparen. Terns no tenía ni ingresos comerciales, pero su molécula BCR-ABL allostérico podría arrebatar cuota a Novartis y su tasigna. Merck apuesta a que el mercado de leucemias crónicas valga más que el precio de la incertidumbre.

Wall Street respiró aliviado: el flujo de operaciones sigue vivo y la guerra de adquisiciones en onco no se ha enfriado. La pregunta ya no es si Merck puede reemplasar Keytruda, sino cuánto más estará dispuesta a pagar por la próxima joya del pipeline. La factura acaba de empezar a correr intereses.