Meta contrata 10 plantas de gas para alimentar su gigante de ia en luisiana
Meta quiere tanta electricidad
para su nuevo campus de IA en Luisiana que ha decidido comprar diez centrales de gas. Diez. No se trata de un error de prensa: la compañía pagará 11.000 millones de dólares para que Entergy construya esa flota privada, capaz de abastecer a más de cinco millones de hogares. La red eléctrica de todo el estado crecerá más de un 30% solo para que los servidores de Mark Zuckerberg funcionen a plena máquina.Pacto de 27.000 millones entre zuckerberg y wall street
La operación se ha cocinado en dos tiempos. Primero, el anuncio oficial en diciembre: 10.000 millones para levantar Hyperion, un complejo de 2.250 acres en la parroquia rural de Richland. Después, la expansión silenciosa: 1.400 acres más comprados por la puerta trasera y un joint venture con Blue Owl Capital que eleva la factura total hasta 27.000 millones. En la junta de octubre, Meta dejó claro que el proyecto no es un capricho; es la infraestructura que sostendrá sus modelos de inteligencia artificial durante la próxima década.
El contrato con Entergy blinda ese futuro. Siete nuevas centrales se suman a las tres ya aprobadas en 2024. Entre todas sumarán 7,5 GW de potencia fósil, a los que se añaden hasta 2,5 GW de renovables y baterías que también financiará la tecnológica. El resultado: un enclave energético que duplicará la capacidad instalada en la región y que, según los planos internos, ocupará una extensión similar a la isla de Manhattan.

Luisiana se juega el rate y el clima
El reparto de costes es la clave política. Entergy insiste: Meta paga la obra, el consumidor residente no verá un céntimo de recargo en la factura. La bolsa compró el discurso: el 27 de marzo las acciones de la eléctrica se dispararon un 7% y alcanzaron capitalización récord de 50.000 millones. En dos años, el valor se ha más que duplicado.
Pero hay un plazo: 15 años. Transcurrido ese tiempo, si la demanda de Meta se desploma —porque la moda de la IA pasa o porque la compañía migre a otra tecnología— las plantas seguirán ahí, quemando gas y generando deuda. Entonces, advierten los grupos ecologistas, la factura podría devolverse a los contribuyentes con intereses. La Comisión de Servicios Públicos de Luisiana aún debe pronunciarse.
Mientras tanto, el humo de las turbinas ya flota sobre el delta. Meta promete que el complejo será «el símbolo de la ambición y la escala de la próxima generación de infraestructura para la IA». Para los vecinos de Richland Parish, esa ambición huele a gas combustible y suena como el zumbido constante de diez chimeneas que nunca se apagarán.
