Meta despedaza plantilla mientras su factura por ia se dispara: la acción ya cae un 20% en 2026

Lo que ayer era un gigante imparable hoy huele a ajuste de cuentas. Meta acaba de confirmar el despido de varios cientos de empleados —Reality Labs, ventas, reclutamiento— el mismo trimestre en que promete disparar el gasto en centros de datos hasta los 135.000 millones de dólares. La acción, que tocó techo en diciembre, ya perdió un cinco de su valor en lo que va de año y los analistas se frotan la cartera: ¿rebaja de lujo o trampa value?

El negocio de los anuncios se desacelera justo cuando zuckerberg aprieta el acelerador de la ia

El motor de ingresos de Meta —los 3.600 millones de personas que abren Instagram o Facebook cada día— sigue creciendo, pero lo hace a media astilla. El último informe habla de un 24% más de facturación, sí, pero la velocidad de crecimiento de la publicidad ya no es la de la pandemia. Mientras tanto, la factura de infraestructura se dispara: 40% más de gastos operativos en un solo trimestre. La ironía: cuanto más se invierte en “superinteligencia” personal, más se estrecha el margen.

El recorte de plantilla —“varios cientos”, según la nota interna— suena a tijeretazo cosmético. Con 79.000 empleados, el ajuste apenas roza el 0,5% de la nómina. El mensaje es otro: Meta quiere demostrar que puede contener costes sin tocar la partida estrella, aunque el mercado no se lo trague. Desde enero, los inversores han retirado 150.000 millones de capitalización y la acción cotiza a 21 veces beneficios futuros, bien por encima de la media de big tech (13×). La prima se justifica solo si la promesa de IA devuelve pronto nuevos formatos publicitables.

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El brazo de realidad virtual, esa obsesión que Zuckerberg no se cansó de defender en metaversario, suma ya 2.200 millones de ingresos… frente a un agujero que supera los 50.000 millones desde 2020. El nuevo hardware de gafas, aplazado dos veces, llegará sin el modelo de lenguaje “Avocado” que debía batir a Gemini. En la sala de máquinas los ingenieros hablan de “lag interno”: el chip propio no da el ancho de banda que exige el prompt de Zuckerberg. Traducción: el producto estrella de 2026 podría salir al mercado sin la inteligencia que lo haga imprescindible.

El frente regulatorio tampoco ayuda. Bruselas obliga a ofrecer publicidad no personalizada y la FTC estudia abrir una nueva investigación por monopolio en publicidad social. Cada multa precedente —la última, 1.200 millones en Irlanda— se suma a la pila de gastos “extraordinarios” que la compañía ya no puede presentar como tales.

El reparto de targets de wall street dibuja un 63% de upside… o una trampa

El consenso de 56 analistas fija el precio objetivo en 864 dólares, lejos de los 530 actuales. Bank of America va más allá y eleva su meta a 885, argumentando que los márgenes brutos del 82% “absorben cualquier shock de infraestructura”. Pero la historia de los últimos tres meses es la de recompra constante de bancos que ajustan el precio… para luego ver cómo la acción cae otro 5%. El detalle que callan: los flujos de caja libre, aunque gigantescos (14.100 millones en el cuarto), crecen más lento que el capex. Meta ya no es una máquina de dinero infinito; es un pozo de dinero que se vacía más rápido si los modelos no empiezan a rentabilizarse antes de 2027.

El consejo de la calle se bifurca: los que compran creen que la red de data centers de Meta es un activo inarrachable que, tarde o temprano, licenciará como servicio a terceros. Los que venden apuestan a que la Fed no bajará tipos lo suficiente para justificar un P/E de 21× cuando la publicidad entra en ciclo bajista. La respuesta corta: no hay valor de refugio aquí; solo una apuesta de crecimiento a doble o nada.

Meta cerró ayer en 531 dólares, apenas siete por encima del mínimo anual. El próximo catalizador es la presentación del modelo Llama 3.1 en junio. Si el benchmark supera a GPT-4, los 330.000 millones de capitalización perdidos pueden regresar en días. Si vuelve a quedarse a medio gas, la sangría seguirá. La última vez que Zuckerberg prometió “eficiencia”, despidió a 11.000 personas y la acción se duplicó. Ahora el truco se le está agotando y los fondos de indexación empiezan a mirar a otros lados. El mensaje es brutal: o la IA empieza a facturar, o el pase de gratis se acabó.