Milan da un portazo judicial a la moda de lujo: paul & shark y aspesi se libran de la intervención

El juez Roberto Crepaldi ha dicho basta. La petición de la fiscalía de Milán para colocar bajo administración judicial a Dama SpA (Paul & Shark) y a Alberto Aspesi & C. SpA ha caído por su propio peso: no hay prueba de que sus directivos actuaran «de forma concertada» con las talleres chinos que explotaban a sus costureros. Un golpe en la mesa que deja a la industria del lujo con el alma en vilo.

La trama que nadie quiso ver

Detrás de la tela de Gmax 365 Srl y M&G Confezioni Srl, ambas en Garbagnate Milanese, se escondían jornadas de 14 horas y sueldos que no llegaban al mínimo. Los dueños de esos talleres —ahora bajo investigación— fueron quienes, según Crepaldi, acapararon «toda la responsabilidad». Ni Andrea Dini, CEO de Paul & Shark, ni Francesco Umile Chiappetta, consejero de Aspesi, aparecen en el punto de mira.

La decisión rompe la racha de intervenciones judiciales que, desde 2022, ha sacudido a Tod’s, Loro Piana, Valentino, Dior y Giorgio Armani. Salvo el primero —que logró trasladar su caso a Ancona—, todas terminaron con un comisario designado por el tribunal para rediseñar sus protocolos de auditoría. Dior y Armani ya han cerrado el capítulo; Tod’s aún espera veredicto.

La lista que nadie quiere pisar

La lista que nadie quiere pisar

El otoño pasado, los fiscales Daniela Bartolucci y Paolo Storari pidieron documentación a otras trece firmas: Prada, Versace, Gucci, Dolce & Gabbana, Ferragamo, Missoni, Givenchy Italia, Yves Saint Laurent Manifatture, Alexander McQueen Italia, Adidas Italy, Off-White Operating, Coccinelle y Pinko. Ninguna ha sido intervenida, pero el simple hecho de figurar en ese expediente ya activa alarmas en los consejos de administración.

El sector lleva dos años mareado. Cada macro-denuncia resta puntos bursátiles y suma costes legales. La Bolsa de Milán castigó a Prada con un -3,2 % el día que trascendió su citación; Ferragamo perdió 60 millones de capitalización en 48 horas. Los analistas avisan: la prima de riesgo «made in Italy» ya se cotiza en los informes ESG.

El mensaje que llega de milán

Crepaldi ha dibujado una línea roja: sin evidencia de complicidad directa, no hay intervención. El fallo fija jurisprudencia y, de paso, devuelve algo de oxígeno a las marcas que externalizan producción en Lombardía. Pero el miedo persiste: la fiscalía no ha cerrado el caso, y los costes reputacionales ya están impresos en la memoria colectiva.

La moda italiana respira, sí, pero lo hace con la garganta seca. El próximo informe de auditoría puede llegar acompañado de esposas.