Nike se juega la mitad de su valor en una apuesta que divide a los analistas
Nike cotiza hoy como si el deporte fuera un capricho pasajero. El 40 % de revalorización que augura el consenso bursátil contrasta con el recorte de márgenes que anunció la propia compañía: 400 puntos básicos en el ejercicio 2025 y otros 200 en 2026. La tensión entre ambas cifras es el pulso que ahora mismo define al gigante de Oregon.
Por qué los insiders siguen comprando pese al sangrado
Los directivos no suelen tirar el dinero en una trinchera. En los últimos tres meses han aumentado sus participaciones mientras el título se desplomaba un 18 %. La clave no está en el presente, sino en la línea de productos que Nike estrena este año: nueva placa de carbono en running, upper knit sin costuras en fútbol y una colección de lifestyle que ya encapricha a la Gen Z. La tienda de Telsey Advisory lo resume en una frase: «Innovación sí, pero a precio de ganga».
El problema es que la ganga duele. El modelo de venta directa que elevó la rentabilidad durante la pandemia ha dejado de funcionar. Ahora Nike regresa al wholesale —Foot Locker, JD Sports, El Corte Inglés— y eso significa descuentos, remates y etiquetas rojas. La compañía lo acepta: prevee facturar más volumen, pero con un margen bruto que se contrae hasta mínimos de 2013.
La apuesta es tan arriesgada que incluso los más optimistas han recortado sus previsiones. Telsey rebajó el objetivo de 72 a 65 dólares, aunque mantiene el rating «Market Perform». El mensaje implícito: «Sí, hay recorrido, pero no cantes victoria».

El factor que nadie menciona: los aranceles
Detrás del glamur de las zapatillas de 250 euros hay una red de proveedores asiáticos que Nike no puede reubicar de la noche a la mañana. El 47 % de su calzado sale de Vietnam y otro 19 % de Indonesia. Si los aranceles a productos textiles se endurecen —como ya insinúa la Casa Blanca—, cada par fabricado allí encarecería entre 8 y 12 dólares. La compañía calcula que cada punto de margen equivale a 250 millones de beneficio neto. Hagan la cuenta.
Por eso los analistas que siguen el flujo de caja miran menos la web de SNKRS y más el Boletín Oficial del comercio exterior. El riesgo no es solo deportivo; es geopolítico. Y Nike lo sabe: este año ha abierto dos plantas pilotos en Texas y una en Alemania. Producen menos del 3 % del volumen, pero sirven de coartada política.

El momento de la verdad llega en junio
La compañía presentará resultados del ejercicio 2025 el 26 de junio. Será la reunión más tensa desde que John Donahue aterrizó como CEO. Entre bastidores, los inversores piden tres cosas: que el inventario deje de crecer por encima de las ventas, que el gasto en marketing baje del 13 % de los ingresos y que China —su segunda casa— deje de sangrar después de cuatro trimestres con caídas.
La pregunta no es si Nike saldrá del atolladero, sino a qué precio. A 52 dólares por acción, el mercado está descontando un escenario de media melancolía. Si el plan de remodelación de tiendas y la fiebre por el deporte amateur en verano fallan, el título puede probar los 40. Si, en cambio, la zapatilla de carbono se convierte en el nuevo Air Max 1, la recuperación será tan rápida como una contraataque en Champions.
Mientras tanto, los insiders siguen comprando. Y cuando quienes conocen los números abren la cartera, el resto solo puede mirar y elegir: seguirles o apostar a que esta vez la zapatilla no calza.