Nvidia desbloquea china: 28.000 millones de dólares que faltaban en su cuenta
La fábrica de Jensen Huang vuelve a rugir en territorio chino. Trás un año de cierres y licencias, Nvidia ha recibido luz verde para exportar sus chips H200 a Pekín. El premio: un agujero de 28.000 millones de dólares que hasta ahora permanecía vacío en la cuenta de resultados.
El cortocircuito geopolítico que costó 4.500 millones
La historia empieza en 2022, cuando Washington cerró el grifo de las GPU de última generación. Nvidia respondió con el H20, un diseño castrado que cumplía los límites técnicos impuestos. Bastó un año para que la Casa Blanca apretara de nuevo y retirara la licencia. Entonces llegó el cargo por inventario obsoleto: 4.500 millones de dólares que alguien tuvo que asumir en la línea de pérdidas.
Huang no se lo tomó como un capricho contable. A través de Punchbowl News reveló que había llevado el asunto directamente a Donald Trump. El mensaje: privar a china de silicona estadounidense no frena su IA; solo traslada la ventaja a empresas locales como Huawei. El argumento caló. En diciembre, Trump firmó la excepción que permitía vender el H200, un escalón por debajo de la serie Blackwell, a cambio de un impuesto del 25 % sobre las ventas.

Semanas que valen miles de millones
La conferencia GTC fue el escenario elegido para anunciar que la producción arranca «en cuestión de semanas». Huang asegura que los pedidos ya están firmados y que la línea de montaje trabaja a turnos completos. El objetivo: sacar al mercado chino los primeros H200 antes de que Vera Rubin desembarque en EE. UU. y vuelva a dejar obsoletos a sus propios clientes asiáticos.
La cuenta es brutal. En el ejercicio 2025, el 13 % de la facturación de Nvidia provenía de china. Aplicar ese porcentaje a los 215.000 millones del último año arroja 27.950 millones de dólares. O, lo que es lo mismo, casi el PIB anual de Estonia. El propio Huang lanzó la bomba en octubre: «El mercado chino puede superar los 100.000 millones para fin de década». Traducción: hay espacio para que la compañía duplique su tamaño actual sin tocar otro país.

El enemigo que creció en la ausencia
Pero el regreso no será un paseo. Mientras Nvidia contaba inventarios, Huawei y Baidu colmaron el vacío con soluciones domésticas. El Ascend 910B de Huawei ya procesa modelos de lenguaje para los principales cloud providers chinos. El precio: la mitad. El rendimiento: suficiente. El cliente, además, ya no confía ciegamente en la marca americana tras un año de interrupciones.
Por eso Huang corre. Su plan es saturar el canal antes de que el ecosistema local consolide estándares propios. Si lo logra, el H200 se convertirá en la puerta de entrada a la próxima generación Blackwell, aún pendiente de aprobación. Si falla, chinapodría convertirse en un mero mercado de reposición, donde los márgenes se desploman y la lealtad brilla por su ausencia.
La próxima oleada de resultados dirá si la apuesta funciona. Mientras tanto, los inversores ya han marcado el nivel a vigilar: 7.000 millones de dólares por trimestre, la cifra que antes facturaba Nvidia en china y que ahora regresa a su cuenta de resultados. Si aparece, la capitalización de 4,1 billones puede seguir engordando. Si no, la acción —hoy en 167 dólares— tendrá que justificar su PER de 48 solo con la voracidad de Occidente. La partida está servida y el cronómetro corre: en Palo Alto ya saben que cada semana de retraso cuesta mil millones.
