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Oleoductos rusos al borde del colapso: ucrania golpea y el petróleo se dispara

El mercado petrolero se enfrenta a una tormenta perfecta. Los ataques ucranianos a la infraestructura petrolera rusa, combinados con tensiones geopolíticas en Oriente Medio, amenazan con estrangular el suministro global y disparar los precios. Según fuentes de la industria, la capacidad de exportación de Rusia se ha reducido en un millón de barriles diarios, lo que equivale a una quinta parte de su producción total.

El golpe ucraniano: ¿una estrategia económica efectiva?

Kiev ha intensificado sus ataques a granel contra refinerías y puertos clave en el oeste de Rusia, como Ust-Luga y Primorsk. Estos ataques, los más intensos desde el inicio de la guerra hace más de cuatro años, buscan debilitar la economía rusa, un objetivo estratégico que, al parecer, está teniendo un impacto tangible. Según las mismas fuentes, hasta el 20% de la capacidad de exportación rusa se encuentra fuera de servicio, aunque la cifra ha mejorado respecto al 40% registrado en marzo.

La situación en el puerto báltico de Ust-Luga es particularmente crítica. Tras sufrir intensos ataques con drones y provocando incendios, el puerto suspendió las exportaciones de petróleo hace una semana, generando un cuello de botella en el sistema de oleoductos ruso. Transneft, la empresa estatal que controla la mayor parte de la red de oleoductos, ha informado a los exportadores que no podrá cumplir con los programas de carga iniciales de abril.

Pero hay un detalle que agrava la situación: el almacenamiento está alcanzando su límite. Mientras las refinerías rusas se someten a mantenimiento estacional, reduciendo su capacidad de procesamiento, la cantidad de crudo sin refinar se acumula en el sistema de oleoductos, forzando a algunos campos petroleros a reducir su producción para evitar un colapso.

Un efecto dominó: el impacto en el mercado global

Un efecto dominó: el impacto en el mercado global

La crisis rusa no ocurre en el vacío. La suspensión del oleoducto Druzhba, que abastece a Hungría y Eslovaquia desde enero, ya había reducido la capacidad exportadora. Y, como si fuera poco, los recientes ataques a Irán han añadido un componente de incertidumbre geopolítica que ha impulsado los precios del petróleo a niveles preocupantes.

La cifra habla por sí sola: Rusia, el segundo mayor exportador mundial, representa alrededor de una décima parte de la producción global. Una reducción significativa de su suministro podría tener consecuencias devastadoras para la economía mundial, especialmente en un contexto de inflación persistente y recuperación económica incierta. Además, los ataques no solo afectan a Rusia, sino también a Kazajstán, que utiliza Ust-Luga para exportar una parte importante de su crudo.

Aunque la producción rusa de petróleo se mantuvo relativamente estable el año pasado, con una caída del 0,8%, la actual situación amenaza con revertir esa tendencia y desestabilizar aún más el mercado. El futuro del suministro petrolero global pende de un hilo, mientras Rusia lucha por mantener su capacidad productiva en medio de la guerra y las sanciones.

En definitiva, la combinación de ataques ucranianos, tensiones en Oriente Medio y el mantenimiento de las refinerías rusas ha creado una tormenta perfecta que amenaza con encarecer la energía y frenar el crecimiento económico mundial.