Oracle despide a miles mientras gasta 50 000 millones en ia
Oracle acaba de firmar la sentencia de muerte laboral de miles de empleados con un correo frío: «Tras un análisis de las necesidades actuales de la compañía, hemos decidido eliminar tu puesto». La empresa que planea inyectar 50 000 millones de dólares en centros de datos de inteligencia artificial ahora mismo ajusta la plantilla para que los números cuadren.
El email que nadie quiere leer
El mensaje, filtrado por Business Insider, llegó el martes a bandejas de entrada de todo el planeta. No menciona indemnizaciones ni plazos: solo confirma que la reestructuración iniciada a principios de marzo ya no es un rumor. Oracle calla ante los medios, pero los pasillos de Austin y Redwood City huelen a pánico. Con 162 000 trabajadores en nómina, el recorte puede dejar en la calle a un ejército entero de ingenieros y consultores que hace meses celebraban récords de contratación.
La ironía duele. En septiembre la acción tocaba máximos históricos gracias a unos compromisos de ingresos futuros (RPO) que se dispararon un 359 % hasta 455 000 millones. Hoy esa cifra supera los 550 000 millones, pero el mercado ya no aplaude: los gastos de capital necesarios para honrar esos contratos están desbocado y el flujo de caja libre entrará en terreno negativo durante los próximos tres ejercicios, según el consenso de FactSet.

Wall street castiga la ambición
Los inversores han perdido la paciencia. El título ha caído un 27 % en lo que va de año y marcha hacia su sexto mes consecutivo en rojo. La valoración compuesta de IBD se desploma al 49 sobre 99, un nivel que grita «vendido» pero que nadie se atreve a tocar mientras el capítulo de despidos permanezca abierto. La acción repuntó un 4 % este martes, sí, pero en volumen bajo: simple rebote técnico, no voto de confianza.
Oracle ya avisó en febrero que emitiría deuda y acciones por 50 000 millones para financiar la carrera de infraestructura en la nube. La promesa: centros de datos capaces de alimentar modelos de IA a escala planetaria. La realidad: cada dólar que se fuga hacia servidores y GPUs es un dólar que ya no llega a nómina. La ecuación es brutal y los empleados son el coeficiente más fácil de recortar.
El gigante de las bases de datos ha pasado de vender licencias a apostar por consumo por segundo. El modelo es tan voraz que hasta los analistas más alcistas han bajado el precio objetivo. El mensaje es claro: construir el futuro tiene un coste, y hoy ese coste se mide en familias sin sueldo fijo y en accionistas que exigen margen.