Palantir se atrinchera en el pentágono y reta a los escépticos

La acción más divisiva de Wall Street acaba de recibir un cheque en blanco del Departamento de Defensa: Maven Smart System se convertirá en el estándar militar de EE. UU. antes de que termine septiembre. El sello «program of record» garantiza financiación anual y multiplica por diez el techo de ingresos recurrentes que Palantir puede facturar al mayor cliente del planeta.

El pentágono blinda su apuesta

Steve Feinberg, subsecretario de Defensa, lo dejó claro en su carta interna: la plataforma de Palantir es «la herramienta que permite detectar, disuadir y dominar al enemigo». Traducción: los drones, satélites y sensores del campo de batalla hablarán el idioma de la empresa de Alex Karp hasta que anochezca la próxima década. El contrato no tiene precio público, pero fuentes del sector citan unos 18.000 millones de dólares desplegados en los próximos cinco años para modernizar la guerra convencional.

La jugada despeja la incertidumbre que lastraba la valoración: 225 veces beneficios 2024 parece una broma hasta que se descuenta el flujo garantizado por ley. El múltiple cae a 77 si se cuela la proforma de 2025 y se incluyen los 1.600 millones adicionales de RPO (revenue backlog) anunciados en el último trimestre.

La city londinense abre la puerta trasera

La city londinense abre la puerta trasera

Mientras el ejército estadounidense cierra filos, la Financial Conduct Authority británica le entrega las llaves del sistema financiero. Palantir Foundry escudriñará 42.000 firmas de servicios financieros durante tres meses. Correos, llamadas, WhatsApp y hasta hilos de X pasarán por el tamiz para detectar insider trading, blanqueo y frases sospechosas. Si el piloto convence, el contrato pleno se negocia en el rango de los 500 millones de libras anuales.

El mensaje es demoledor: el mismo algoritmo que localiza tanques rusos en Donetsk puede encontrar a un operador que mueve 50.000 libras desde un iPhone en Canary Wharf.

El domo dorado: 185.000 millones que nadie contabilizó</h3><p>El tercer ancla llega de la mano del «Golden Dome», el escudo antimisiles hipersónico soñado por Trump. Palantir será el cerebro que una satélites, radares y láseres interceptores. La parte que le toca no se ha hecho pública, pero Rosenblatt cree que se habla de <strong>varios miles de millones</strong>. Hacer la cuenta: si Palantir embolsa solo el 2 % del proyecto, ingresaría 3.700 millones, el 82 % de su facturación anual actual.</p><p>Los márgenes lo redondean: el 82 % de bruto que ya disfruta la compañía convierte cualquier contrato militar en un exprimidor de cash flow. La deuda es nula y la tesorería ronda los <strong>5.000 millones</strong>. No hay manera más rentable de fabricar moneda.</p><h2>¿Se justifica el precio? el mercado vota con los pies

El domo dorado: 185.000 millones que nadie contabilizó

El tercer ancla llega de la mano del «Golden Dome», el escudo antimisiles hipersónico soñado por Trump. Palantir será el cerebro que una satélites, radares y láseres interceptores. La parte que le toca no se ha hecho pública, pero Rosenblatt cree que se habla de varios miles de millones. Hacer la cuenta: si Palantir embolsa solo el 2 % del proyecto, ingresaría 3.700 millones, el 82 % de su facturación anual actual.

Los márgenes lo redondean: el 82 % de bruto que ya disfruta la compañía convierte cualquier contrato militar en un exprimidor de cash flow. La deuda es nula y la tesorería ronda los 5.000 millones. No hay manera más rentable de fabricar moneda.

¿Se justifica el precio? el mercado vota con los pies

La acción se desploma un 3 % hoy, pero el movimiento huele a cobertura de cortos antes del cierre del primer trimestre. Los volúmenes call a 180 dólares para julio disparan su open interest: alguien cree que la historia recién empieza. El 137 % de crecimiento en el segmento comercial estadounidense demuestra que el producto vale fuera del cuartel.

El trío de contratos —Maven, FCA y Golden Dome— dibuja un escenario de ingresos blindados hasta 2030. El miedo a la sobrevaloración se disipa cuando el backlog crece al 143 % interanual y un solo cliente puede añadir 1.000 millones de dólares a la carta de pedidos sin despeinarse.

El debate ya no es si Palantir está caro, sino cuánto durará la ventana de entrada antes de que los próximos resultados disparen el precio por encima de los 200 dólares. La obsesión de Monchi Sánchez con descifrar mercado tiene nombre y apellido: PLTR. Y, por primera vez, los números le dan la razón a los optimistas más férreos.