Rocket lab se apunta 190 millones de pentagono y ya encadena 70 lanzamientos pendientes
El Pentágono acaba de entregarle a Rocket Lab el contrato más gordo de su historia: 190 millones de dólares para disparar cohetes hipersónicos durante los próximos cuatro años. La firma de Peter Beck ya acumula 70 misiones en espera y suma 28 nuevas ventas en lo que va de 2026, casi tantas como en todo 2025.

El negocio que despega detrás de los hipersónicos
El programa se llama HASTE y sirve para que el Departamento de Defense testee vehículos que superan Mach 5 sin mover la base de Canaveral. Rocket Lab aporta el cohete Electron, adaptado para soltar cargas a esa velocidad sobre el Atlántico. Llevan nueve lanzamientos y nueve éxitos; la NASA ni se fía de promedios tan redondos, pero el general que firma los cheques sí.
El contrato incluye opciones secretas —nunca se publican todos los anexos—, pero fuentes del sector apuntan a un margen bruto cercano al 35 %. Hacer un satélite cuesta dinero, dispararlo también; hacerlo a Mach 5, mucho más. La clave está en el ritmo: la empresa promete un lanzamiento al mes y ya ha duplicado la cadencia de 2024.
Además, Rocket Lab construye 18 satélites de seguimiento de misiles para la Space Development Agency. Son plataformas de 150 kg que se despliegan en constelación y avisan al mando si algún ICBA enciende motores. El contrato separado suma 515 millones, pero el tiempo de entrega aprieta: Washington quiere la mitad en órbita antes de que termine el mandato actual.
Los inversores han respondido con un alza del 22 % en las últimas tres sesiones, aunque el título sigue cambiando a menos de 3 veces ventas estimadas para 2027. Barato si la compañía mantiene el tipo, caro si Elon Musk decide que Falcon 9 también sirve para hipersónicos. La guerra de precios en órbita baja apenas empieza.
La factura militar no es el único soporte: la empresa acaba de cerrar una misión comercial para levantar una constelación de cinco minisatélites de observación en Australia. Cada cliente quiere su órbita y quiere mañana; Rocket Lab vende la misma cohetería como servicio exprés. La cola crece y el calendario se llena de tinta roja.
Con 1.400 empleados en Huntington Beach y una planta de impresión 3D que funciona 24 horas, Beck ha convertido la vieja promesa de la órbita ultraligera en un negocio que escala. El próximo paso: Neutron, un lanzador de 8 toneladas de carga previsto para 2028. Si logra volar, el margen bruto se dispara al 50 % y los 190 millones de hoy parecerán el primer trámite de una factura mucho más gorda. El mercado castiga a quien se duerme; Rocket Lab no ha parpadeado.
