Rtx desembolsa 2.000 millones en un día: la guerra que no se ve en bolsa
El Pentágono acaba de firmar un cheque por 2.010 millones de dólares y lo ha entregado a RTX. La orden es clara: blindar los ojos y oídos del Ejército del aire con terminales AEHF, la red satelital que ni el jamming más sofisticado consigue apagar. La acción salta un 3 % en la apertura y nadie parece sorprendido: en la industria de la muerte, RTX ya es sinónimo de ingresos recurrentes.

Contrato exprés, beneficiario único
La modificación llega apenas 24 horas después de que la Marina entregara otros 498 millones por los terminales multibanda de su flota. En doce meses, la misma empresa ha duplicado el valor del contrato original de 2021. Ahora el montante total asciende a 2.970 millones, y la fecha límite se alarga hasta 2027. Dos plantas –Marlboro, Massachusetts y Largo, Florida– trabajarán en tres turnos para que ni un solo general pierda su videoconferencia cifrada.
El mercado lo interpreta como un dividendo disfrazado. Las ventas de RTX ya crecían un 11 % interanual; con este empujón, la división de inteligencia y espacio representará el 18 % del negocio. El flujo de caja libre superará los 6.000 millones este año, según los analistas de Bernstein, y la deuda neta rondará 0,9 veces el ebitda: números de utility disfrazados de arma de destrucción masiva.
En Redstone, Alabama, acaban de terminar una ampliación de 26.000 pies cuadrados dedicada al ensamblaje de misiles. Costó 115 millones y elevará la capacidad de producción de Tomahawk y Patriot en un 50 %. El mensaje es sutil: si la geopolítica calienta, RTX tiene la llvería lista antes de que caiga el primer chubasco.
Los fondos de pensiones noruegos ya han aumentado su participación un 4 % este trimestre. Los inversores retail, en cambio, siguen mirando a las AI stocks que prometen duplicarse en seis meses. La ironía: RTX también fabrica los chips rad-hard que hacen posible la constelación de Starlink. La guerra y la conectividad, a fin de cuenta, pagan el mismo dividendo.
