Sbf, el estafador de cripto, alaba a trump desde la cárcel
Sam Bankman-Fried, condenado a 25 años por el colapso de FTX, acaba de lanzar un halago inesperado desde la prisión: Donald Trump es, según él, el primer presidente que entendió el poder estratégico de las criptomonedas y la inteligencia artificial.
El tuit, publicado el domingo por la cuenta que gestiona su equipo legal, no fue un simple comentario. Fue una andanada dirigida al hombre que puede —o no— firmar su indulto. «No solo son personas las que quieren pagarte en cripto: cada vez más, son agentes de IA. El cripto es el futuro de los pagos nativos de la IA», escribió SBF, citando al expresidente.

El mensaje llega justo cuando trump necesita dinero y sbf necesita un milagro
Días antes, la familia Trump presentó World Liberty Financial, una infraestructura de pagos pensada para que robots autónomos muevan dinero en blockchain. Coincidencia, dicen algunos. Oportunismo, gritan otros. El ex CEO de FTX lleva semanas endulzando al nuevo inquilino de la Casa Blanca: elogió el ataque conjunto de EE. UU. e Israel contra Irán y acusó al gobierno Biden de orquestar su arresto por «odiar al cripto».
Lo que nadie cuenta es que Trump ya respondió. En una entrevista radial de marzo dejó caer que no tiene intención de perdonar a Bankman-Fried. La frase fue breve, pero suficiente para enfriar la estrategía del preso más famoso de la criptoesfera.
SBF no se da por vencido. A principios de abril solicitó un nuevo juicio bajo la acusación de que el Departamento de Justicia intimidó a testigos clave. Su abogado insinúa que el cambio de administración podría reabrir el caso. La jugada: convertirse en símbolo de la lucha ideológica entre pro y anti cripto en Washington.
La ironía es brutal. El hombre que desvió miles de millones de clientes ahora vende la idea de que su visión sobre AI y cripto es patriótica. La redacción del tuit huele a campaña: etiqueta a Trump, usa el verbo «ver» en mayúsculas, firma como @SBF_FTX como si la marca que quebró aún existiera.
Mientras tanto, los acreedores de FTX siguen esperando el reembolso de cada centavo. Algunos verán en estas líneas un intento desesperado de reescribir la historia. Otros, una jugada maestra de relaciones públicas desde el interior de una celda.
La cárcel no le ha callado la boca, pero el reloj corre: 24 años y medio por delante. Cada tuit es un latigazo contra la pared de una celda que, de momento, no tiene puerta trasera.