Scaramucci justifica el gasto de 16,5 m$ en un pokémon: ‘es un activo único, no un capricho’
Anthony Scaramucci no pide disculpas. Su hijo AJ acaba de desembolsar 16,5 millones de dólares por una tarjeta Pikachu Illustrator y el exdirector de Comunicación de la Casa Blanca responde con un desafío: ‘La gente no entiende la tesis’.
La operación, cerrada con el excéntrico youtuber Logan Paul, ha encendido las redes. Críticos que ven un derroche. Coleccionistas que llaman a la puerta de AJ para ofrecerle piezas igual de irrepetibles. Y un mercado de ‘alternatives’ que observa, con lupa, cómo se redefine el concepto de reserva de valor.
La nostalgia convertida en rentabilidad
‘Imaginad a los actuales treintañeros pokemónicos dentro de treinta años, con liquidez y melancolía’, argumenta Scaramucci. Su tesis es brutalmente sencilla: escasez absoluta más demografía millonaria más ciclo vital de consumo. El resultado: un activo que no se reproduce, no se devalúa y que, según el cálculo interno de Solari Capital, duplicará valor en la próxima década.
AJ no es un niño con tarjeta black. Es un ex-alumno de Stanford que ha levantado fondos para start-ups de semiconductores y que, a sus 32 años, ya ha pilotado dos salidas exitosas. La tarjeta no es el capricho; es la pieza insignia de un fondo paralelo llamado Treasure Trove, dedicado a acumular ‘objetos imposibles de clonar’: fósiles de T-Rex, ejemplares de la Declaración de Independencia, prototipos de Apple que nunca llegaron a tienda.

De microsoft a bitcoin: la misma lógica
El propio Anthony revela que, en 1992, cuando AJ aún no gateaba, invirtió 1.200 dólares en acciones de Microsoft. ‘El rendimiento anualizado ronda el 23 %. Con Pikachu buscamos la misma curva, solo que escalada al mundo físico’, dice. La familia repite la jugada: identificar activos subvalorados antes de que Wall Street los etiquete.
El timing es implacable. Mientras el padre coloca parte de su capital en la minera American Bitcoin —cuyo SPAC se cerró en septiembre—, el hijo desplaza liquidez hacia el ‘real asset’ definitivo. De la volatilidad cripto a la inmutabilidad de cartón de 1998. Misma familia, dos frentes, un solo principio: adelantarse al consenso.
El mercado de arte y coleccionismo, que mueve 65.000 millones anuales, observa con nerviosismo. Si un trozo de papel con un ratón eléctrico alcanza los ocho dígitos, ¿dónde queda el techo para un rookie card de Jordan o el manuscrito original de ‘Bohemian Rhapsody’? La respuesta, por ahora, se la guardan los Scaramucci. Balance: una carta, una historia y una tesis que ya vale más que la deuda pública de algunos países.
