Shell vende sus parques eólicos por 1.000 millones: la huida de los vientos

Shell, la gigante energética británica, se prepara para vender sus instalaciones de energía eólica marina por más de un billón de dólares. Un movimiento que confirma su estrategia de abandonar la apuesta por las renovables en favor de sus actividades más rentables.

La huida de la inversión verde

Según fuentes de Bloomberg, la operación, que podría alcanzar los 744.78 millones de libras esterlinas, marca un punto de inflexión en la trayectoria de la compañía. Shell, bajo el liderazgo de Wael Sawan, está reorientando su modelo de negocio, priorizando los combustibles fósiles y los mercados de energía en los que obtiene mayores beneficios.

La decisión se enmarca en un plan más amplio de desinversión que ya ha incluido la venta de su división de energías renovables terrestres en Europa y su negocio Sprng Energy en la India, adquirido por 1.550 millones de dólares en 2022. Además, la empresa abandonó proyectos eólicos marinos en Escocia, un claro indicio de su desinterés en el sector.

Un cambio de rumbo estratégico

Un cambio de rumbo estratégico

Hace apenas unos años, Shell se atrevía a soñar con convertirse en el mayor proveedor de electricidad del mundo, un objetivo que, con la salida de Sawan, parece relegado a un segundo plano. La compañía está invirtiendo fuertemente en liquefied natural gas (GNL) y en operaciones de extracción de petróleo, buscando un retorno más rápido de la inversión.

La venta de los parques eólicos, que incluye la instalación Race Bank, es solo la última pieza de un rompecabezas que revela una transformación profunda. Evolve Energy Supply ya ha adquirido una parte significativa de esta infraestructura, demostrando el interés de otros actores en el sector. La cifra de 1.000 millones de dólares, aunque provisional, subraya la magnitud de esta reestructuración.

Una fuente interna de Shell sugirió, en su momento, una ambición desmedida: transformar la empresa en un titán de la electricidad. Pero la realidad económica, y las presiones para maximizar el valor para los accionistas, han dictado un camino diferente. La apuesta por los vientos se ha cerrado, pero el juego de la energía continúa.