Softbank se fía de que openai salta al parqué en 2025 y pide 40.000 m sin aval

Tokio no da crédito: SoftBank acaba de endeudarse 40.000 millones de dólares sin poner ni una plantilla como garantía para meter 30.000 millones en la última ronda de OpenAI. El préstamo, al 12 meses vista, es un pasaporte de apuestas: si el fabricante de ChatGPT no cotiza este año, Masayoshi Son tendrá que reflotar la deuda con el mismo dinero que ahora no quiere tocar.

El calendario es la cláusula más peligrosa

El calendario es la cláusula más peligrosa

Los bancos —JPMorgan, Goldman y cuatro japonesas que conocen bien al conglomerado— no exigen colateral, pero marcan el reloj: devolución íntegra o refinanciación antes de que acabe 2025. Eso solo tiene sentido si creen que la salida a bolsa de OpenAI, rumoreada por CNBC para el segundo semestre, será la mayor OPV de la historia y SoftBank podrá desprenderse de un paquete a precio de oro.

Con esta jugada, SoftBank ya ha puesto sobre la mesa más de 60.000 millones por el valor futuro de la inteligencia artificial generativa. El 60 % de esa cifra llega en forma de deuda corta, no de capital fresco. Es decir: el fondo que más ha predicado el ‘período de oro de la IA’ se financia como si fuera un ‘special purpose vehicle’ exprés.

El mercado interpreta el movimiento como un doble mensaje. A los inversores les dice: «Confío tanto en el IPO que firmo un cheque en blanco». A los reguladores les susurra: «No necesito desprenderme de participadas ni vender Activision, solo aguanto un año». Pero hay un detalle que pesa: si la SEC retrasa la salida o los mercados se desploman, Son deberá vender activos de su portafolio Vision Fund a precio de ganga para cubrir el vencimiento.

La última vez que SoftBank pidió tanto dinero sin aval fue en 2016, para hacerse con ARM. Entonces el plazo era de cinco años y el activo subyacente, un flujo de caja tangible. Ahora apuesta a que un algoritmo que escribe poesía valdrá lo suficiente como para amortizar 40.000 millones en doce meses. La cifra habla por sí sola: el ‘premium’ por creer en el próximo Google se ha convertido en un pagaré a corto plazo.