Spacex: más allá de musk, un salto de fe con valoración astronómica

Scott Galloway lanza un contrapunte a la inminente Oferta Pública Inicial (OPI) de SpaceX, y su análisis merece ser examinado. Galloway, con su habitual precisión, argumenta que los inversores ya han decidido que quieren SpaceX y están justificando el precio desde el final. La valoración, que ha escalado de 350 a 1.8 billones de dólares en menos de un año, levanta serias banderas rojas.

Un negocio en tres actos, sin referentes

SpaceX no es una empresa como las demás. Es una triple amenaza: desde el despliegue de cohetes reutilizables hasta la constelación Starlink y sus contratos de seguridad con el Departamento de Defensa. Esta singularidad es precisamente lo que impide encontrar comparables tradicionales en la bolsa. Wall Street ha intentado encajarla con Boeing, AT&T, Palantir, GE Vernova o Vertiv, sin éxito. La conclusión es clara: la valoración carece de anclas sólidas.

Galloway señala la asignación del 30% a inversores minoristas como una señal de escepticismo institucional. Recuerda la debacle de Aramco, un caso emblemático de crecimiento lento y control político que truncó sus aspiraciones. Y, como buen analista, insiste en la histórica mala rentabilidad de las OPIs a un, tres y cinco años vista.

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El 'no peer' como oportunidad, no como problema

Pero Galloway se equivoca en su diagnóstico. Yo he seguido de cerca a empresas que han redefinido categorías, y el