Spacex se plantea salir a bolsa: 1,75 billones de dólares que harían temblar a aramco
Elon Musk juega otra vez con el fuego. Esta vez no son misiles en el ciello de Texas, sino un debut bursátil que podría pulverizar el récord de Saudi Aramco. 1,75 billones de dólares: esa es la cifra que SpaceX habría puesto sobre la mesa para convertirse en la OPV más colosal de la historia, según filtran The Information y CNBC.
La cuenta de los cohetes: de 2.300 millones en 2021 a 15.500 millones en 2025
El negocio ya no es solo lanzar satélites; es vender banda ancha desde el espacio. Starlink arrastra el 60 % de la facturación y crece al doble de velocidad que la división de cohetes. NASA, Pentágono y operadores de televisión por fibra óptica se pelean por un asiento en la cabina Falcon. El resultado: ingresos que se duplicaron en 2022 y que este año rozarán los 13.100 millones, según la firma de análisis Sacra. La curva se aplana, sí, pero aún se expande más rápido que Amazon Web Services en sus mejores días.
¿Y el multiplicador? 113 veces ventas 2025. Ni Tesla en su pico se atrevió a tanto. AST SpaceMobile cotiza a 142x, pero factura lo que SpaceX gasta en remaches anuales. El gap es abismal: el valor de mercado de Rocket Lab apenas alcanza a financiar dos lanzamientos Starship.

Starship, xai y la trampa del hype
Musk no vende solo transporte interplanetario; vende el relato de la colonia marciana. Starship promite coste por kilo 100 veces menor que Ariane 6. Añade la recién compra de xAI —la start-up del chatbot Grok— y el pastel incluye servicios de inteligencia artificial orbitales: imagina satélites que no solo retransmiten datos, sino que los interpretan antes de tocar tierra.
Pero el truco está en la distribución. Hasta un 30 % de la OPV podría ir a manos minoristas, según Reuters. Traducción: día uno de cotización parecerá un Black Friday en la Luna. El fenómeno meme ha matado a acciones mejores. Roblox abrió a 64 dólares y dos meses después besó los 70. SpaceX podría repetir la danza, solo que con cifras de 12 dígitos.
La historia nos enseña que los récords iniciales se rompen, pero también que se agrietan. Aramco debutó a 1,7 billones y hace semanas cotizaba un 20 % por debajo. Los inversores que compraron el estreno vendieron la fantasía del petróleo eterno; los que esperaron el desplome encontraron dividendo y poco más. Con Musk pasa lo mismo: su magnetismo arrastra, pero su palabra no cotiza en la SEC.
La moraleja no es apostarle la cabeza al primer cohete que despegue. Es leer el prospecto, contar los flujos y, sobre todo, recordar que en el espacio todos los oxígenos son artificiales. SpaceX puede ser el Walmart de la órbita baja o el espejo más caro del sistema solar. El mercado decidirá, pero la gravedad, esa, no da opción a rebaja.