negocios

Tesla ya no vende coches: vende un sueño que no arranca

La acción de Tesla se desploma 18 % en 2026 y el negocio que debía justificar su cotización a 161 veces beneficios sigue siendo un PowerPoint con ruedas. El robotaxi, promesa de ingresos recurrentes millonarios, hoy solo circula por un barrio de Austin y ni siquiera los reguladores texanos le han dado el visto bueno.

Elon musk apostó el capital de la empresa a un producto que no existe

Elon musk apostó el capital de la empresa a un producto que no existe

Tesla anunció en abril la producción en masa del Cybercab, un vehículo sin volante ni pedales que, según el propio Musk, empezaría a generar comisiones por cada milla recorrida antes de que acabe el año. La fábrica de baterías de Nevada ya ensambla celdas LFP para esa flota fantasma. Pero siete ciudades —Dallas, Houston, Phoenix, Miami, Orlando, Tampa y Las Vegas— siguen esperando los permisos que, según la compañía, llegarían "al ritmo de la producción". Traducción: la línea de montaje puede estar llena de taxis sin conductor que nadie puede usar.

Los analistas de Wall Street dibujan un abismo entre sus previsiones. El estimado de beneficios por acción para 2030 va de 4,3 a 12,1 dólares. Si el extremo bajo se confirma, el valor de Tesla se desplomaría dos tercios. El consenso alto, ese que justifica un PER astronómico, da por hecho que Tesla captará el 30 % del mercado global de robotaxi y cobrará una comisión del 25 % por viaje. Hoy no hay ni un solo ciento.

La ventaja de coste que presume Tesla —vehículos sin láser ni radar, solo cámaras— se vuelve irrelevante si la red no escala. Waymo, con su flota de 700 Jaguar equipadas con LIDAR, ya presta 150 000 servicios pagados por semana en San Francisco y Phoenix. Mientras, los ingenieros de Austin deben supervisar desde una sala de control cada desplazamiento del Cybercab. No es autonomía, es telemando caro.

El problema no es tecnológico, es financiero. Tesla quema 1 200 millones de dólares por trimestre en capex destinado a la robotaxi y lleva tres ejercicios sin generar flujo libre de caja suficiente para cubrir inversiones y devolución de deuda. Cada trimestre que el Cybercab no se expande, la empresa tiene que vender más acciones o aumentar prestamos para mantener la fábrica funcionando a media capacidad. El circulo vicioso se alimenta solo: cuanto más se retrasa el ingreso recurrente, más depende de la venta de coches, el negocio que ya no crece.

El mensaje a los accionistas es brutal: si en 2026 no hay despliegue real en al menos dos ciudades grandes, el modelo de valoración colapsa. Y sin ese cuento, Tesla deja de ser una empresa de inteligencia artificial para convertirse en una marca de coches eléctricos con márgenes a la baja y competencia china que le come terreno en Europa. El sueño del primer trillonario nacido de la IA tiene fecha de caducidad: 31 de diciembre de este año. Pasada esa fecha, los números dejarán de ser una promesa y empezarán a ser una losa.