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Truist apuesta 42 dólares por amentum mientras wall street ignora su escudo contra la ia

Wall Street sigue obsesionada con las ‘palo y cristal’ de la IA, pero en un rincón del mercado Amentum Holdings acaba de cerrar un contrato de 112 millones de euros para desmantelar reactores en Europa. La firma que gestiona la mitad de los desechos nucleares del continente cotiza 30% por debajo del precio que le asigna Truist Securities: 42 dólares por acción. El mensaje es claro: hay vida —y margen— fuera del hype de los chips.

El núcleo que no flaquea

La clave está en el libro de pedidos. Amentum acumula 4.000 millones de dólares en proyectos de nueva generación nuclear, infraestructura crítica y sistemas espaciales. Son tres segmentos que, según el analista de Truist, «viven en una burbuja fiscal protegida del vendaval de la disrupción algorítmica». Traducción: sus clientes —gobiernos y agencias aliadas— pagan por seguridad, no por velocidad de procesamiento.

El contrato europeo, adjudicado el 10 de marzo, ilustra el punto. No se trata de construir el siguiente gran data center; se trata de clausurar los laboratorios que en su día alimentaron la carrera nuclear. El plazo: ocho años. El margen: garantizado por fondos comunitarios que no dependen del ciclo de intereses ni de la moda de los fondos de cobertura.

El lastre que nadie precifica

El lastre que nadie precifica

Los escépticos apuntan al ‘overhang’ de private equity: KKR y sus socios aún tienen un 18% del capital flotante. Una salida masiva podría aplastar el precio. Mismo temor genera la escalada de tensión en el Golfo: Amentum tiene instalaciones de vigilancia cibernética en bases de EE UU en el Medio Oriente. Pero Truist rebate: «El riesgo geopolítico ya está en el precio; el flujo de caja, no».

La comparación es demoledora. Amentum gana 3,40 dólares por acción y se cambia a 9,8 veces beneficios 2024. Su vecino del índice de servicios de defensa, Booz Allen, ronda 18 veces. La prima de seguridad se ha convertido en descuento.

La apuesta residual que duele

La apuesta residual que duele

El ADN de la compañía es físico: reactores, satélites, depósitos de agua pesada. La IA aparece solo como epílogo: algoritmos que detectan fisuras en tuberías o rutas óptimas para transportar residuos radiactivos. No vende sueños de supercomputación; vende certezas de ingeniería. Por eso los fondos temáticos la ignoran y por eso, paradójicamente, late la oportunidad.

El cierre de la jornada del lunes dejó a AMTM en 28,9 dólares. Truist ve un 45% de revalorización. El mercado, por ahora, solo ve un nombre difícil de deletrear. Mientras tanto, en Fontenay-aux-Roses, Francia, los técnicos de Amentum ya desmantelan el reactor que en 1956 alumbró la primera corriente eléctrica atómica del continente. Cada kilo de uranio retirado es un dólar de margen. Y nadie ha inventado un chip que sustituya eso.