Uber desata $2.800 millones en efectivo y ya planea 50.000 robotaxis con rivian

El mapa de Uber acaba de re dibujarse en plena noche del 27 de febrero de 2026. Mientras la acción se tambalea a $72,34, once dólares por debajo de su techo anual, dentro de la compañía fluye un río de dinero que desmiente al mercado: $2.808 millones de flujo de caja libre en el cuarto trimestre, un salto del 64,6 % interanual que ya es récord. La noticia no es solo una cifra. Es un aviso: Uber no está en crisis, está cargando baterías para la batalla de los coches sin conductor.

Un pacto de $1.250 millones con rivian que nadie esperaba

La operación se cerró en silencio la semana pasada y salta ahora a la luz: Uber inyectará hasta $1.250 millones en Rivian para desplegar 50.000 robotaxis en quince ciudades antes de que termine 2026. El acuerdo incluye una exclusiva de flota, software de despacho propio y un plan de ingresos compartidos que, según los cálculos internos de la firma, puede añadir $9.000 millones anuales en viajes autónomos a partir de 2028. Dara Khosrowshahi lo resume así: "Vamos a ser la mayor red de viajes AV del mundo, y vamos a monetizar antes de lo que piensan".

El mercado apenas ha reaccionado. La acción acumula una caída del 11,47 % en lo que va de año tras perder el objetivo de beneficios por un ajuste contante de valoraciones bursátiles. Pero el núcleo del negocio grita lo contrario: la entrega de comidas creció un 30 % y el EBITDA ajustado trepó al 40 %. La deuda neta subió a $10.500 millones, sí, pero se financia al 4,3 % y el free cash flow anual ya alcanza los $9.700 millones, suficiente para cubrir intereses y devolver capital a los accionistas: en 2025 la empresa recompró $6.500 millones en acciones.

Por qué los analistas ven un 73 % de ganancia

Por qué los analistas ven un 73 % de ganancia

El modelo interno de Inversión Jota, que otorga un nivel de confianza del 90 %, fija el precio objetivo en $125,24 para los próximos doce meses. El consenso de los 56 analistas que cubren el valor se queda en $103,68, pero hay voces que llegan hasta los $138,55. El escenario bajista, incluso así, coloca la acción en $104,04, por encima del umbral psicológico de los cien dólares. La clave está en la velocidad de despliegue de los robotaxis y en la resolución del conflicto global sobre clasificación de conductores, un riesgo regulatorio que ya lastró a Lyft en California.

Los próximos meses serán un partido de tenis entre cifras y expectativas. Uber guía un crecimiento del 37 % en beneficios por acción para el primer trimestre de 2026. Si lo cumple, el mercado tendrá que reescribir el guion. Mientras tanto, la compañía sigue acumulando reservas de seguro —ahora en $3.300 millones— y limando costes en cada viaje. La apuesta es clara: que los ingresos por kilómetro autónomo superen al conductor humano antes de que la regulación lo prohíba.

El reloj corre. Uber ya no quiere ser la app que te lleva a casa. Quiere ser la dueña de la calle, del algoritmo y del dinero que se genera cuando el volante no existe. La próxima vez que subas a un coche amarillo, mira alrededor: puede que el conductor sea software y que el beneficio, aunque ahora invisible, ya esté contabilizado en los flujos de caja de 2026. La guerra por el transporte autónomo acaba de pasar de la autopista a la bolsa. Y Uber lleva ventaja de dos mil ochocientos millones de dólares.