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Unilever y mccormick: ¿movida maestra o error garrafal en la gran comida?

La fusión entre la división de alimentos de Unilever y McCormick ha sacudido al mercado, no precisamente con entusiasmo. El anuncio, que habría de generar una empresa de 20.000 millones de dólares, ha provocado una estampida de ventas, borrando miles de millones de valor de ambas compañías. ¿Qué ha fallado en una operación que, sobre el papel, parecía lógica?

La tormenta perfecta en la industria alimentaria

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La gran industria alimentaria atraviesa una época convulsa. La inflación ha castigado duramente a los consumidores, obligándolos a recurrir a marcas blancas y a recortar gastos. Pero el factor más reciente y preocupante es la explosión de los medicamentos para la pérdida de peso basados en GLP-1, como Ozempic. Investigaciones de Cornell apuntan a una reducción promedio del 5,3% en el gasto en alimentos por hogar, un golpe directo a las ventas de las grandes empresas.

PepsiCo ya ha cedido, bajando precios tras una reacción negativa del mercado. Kraft Heinz, por su parte, ha abandonado sus planes de escisión tras un desplome en las ventas. En un panorama así, la decisión de Unilever de deshacerse de su división de alimentos, que incluye marcas icónicas como Hellmann's y Knorr, resulta aún más desconcertante.

La operación se estructura como un Reverse Morris Trust, permitiendo a Unilever obtener una participación mayoritaria en la nueva empresa, McCormick, a cambio de una inyección de capital y acciones. Pero los analistas de Barclays cuestionan la valoración, estimando que el negocio de alimentos de Unilever, con Hellmann's y Knorr a la cabeza, vale entre 32.300 y 35.800 millones de dólares, más del doble de la capitalización bursátil actual de McCormick. El movimiento, en definitiva, parece regalar un activo valioso a McCormick con condiciones ventajosas para Unilever.

“¿Por qué deshacerse de un negocio dominado por dos marcas que poseía al 100%, a cambio de un control mínimo y dejando a los accionistas con una participación del 55% en una empresa alimentaria gigantesca?”, se preguntan los analistas de RBC, mostrando su sorpresa.

No todos comparten esta visión pesimista. Deutsche Bank, por ejemplo, ve en la nueva McCormick un potencial de crecimiento transformador, especialmente en el mercado de condimentos, el único sector que muestra resistencia en la industria alimentaria. Sin embargo, la reacción del mercado es clara: la operación ha sido recibida con desconfianza y genera dudas sobre la estrategia de Unilever y el futuro de McCormick.

La decisión de Unilever de enfocarse en belleza, bienestar y cuidado personal y del hogar deja al descubierto una apuesta por sectores más resilientes ante la actual crisis de consumo. Pero la estrategia de abandonar la gran comida, después de casi un siglo, plantea interrogantes sobre la capacidad del grupo para adaptarse a un entorno cada vez más incierto. El tiempo dirá si esta maniobra se revela como una jugada maestra o una oportunidad perdida.