Veon despierta: uklon y jazz abren dos frentes de guerra en la value
La app Uklon acaba de convertir cada pantalla ucraniana en una agencia de viajes. Desde el lunes pasado sus 3,8 millones de usuarios mensuales reservan pasajes de bus nacionales e internacionales sin salir del mismo icono que ya les lleva de casa al trabajo. Lo que parece un botón nuevo es en realidad el primer movimiento de VEON para colonizar el vacío que dejó la aviación civil en guerra.
El ticket de bus que esconde un pozo de ingresos
La beta de “Travel” funciona dentro de la misma app de ride-hailing: eliges ruta, pagas con el saldo Uklon y recibes el código QR. Ni siquiera hace falta bajarse otra aplicación. En un país donde los vuelos internos se miden por docenas y los trenes andan saturados, el bus de larga distancia pasa a ser el último eslabón de movilidad que no había sido monetizado por una plataforma. La comisión por boleto ronda el 8 %; multiplicado por los 12 millones de viajes anuales que calculan los transportistas locales, el negocio redondea cerca de 18 millones de dólares de flujo fresco para VEON sin desplegar ni un kilómetro de fibra.
La jugada se entiende mejor si se mira el mapa: Polonia, Rumanía y los Balcanes copan la mayoría de rutas transfronterizas desde Ucrania. Uklon ya opera en esos corredores; ahora cobra por poner el pasaje en el bolsillo del conductor antes de que el pasajero cruce la frontera. Es la definición de ingreso adicional con coste marginal cercano a cero.

190 Mhz que cambian el chip paquistaní
Mientras tanto, a 4 000 km de distancia, otra filial de VEON acaba de hacer ruido en Karachi. El 10 de marzo Jazz se llevó el mayor lote de espectro jamás subastado en Pakistán: 190 MHz repartidos en cuatro bandas (700, 2300, 2600 y 3500 MHz). El desembolso oficial no se ha hecho público, pero fuentes del regulador hablan de 380 millones de dólares, pagados de contado.
Con ese ancho de banda Jazz pasa de tener la red más ancha del país a poseer casi el doble de capacidad que su competidor más cercano. Traducido a términos de usuario, significa que los 100 millones de clientes de Jazz podrían ver datos móviles 40 % más baratos y cinco veces más rápidos antes de que acabe el año. El efecto derrame llegará a VEON en forma de margen de EBITDA: cada 10 % de mejora en la utilización de red aporta entre 150 y 200 puntos base al resultado operativo, según los modelos de Barclays.

La value que los analistas olvidaron
Wall Street lleva dos años mirando a otro lado. El ADR de VEON cotiza a 0,35 veces el valor en libros y a un EV/EBITDA de 1,2, mientras los emergentes de telecomunicaciones rondan el 4,5. La deuda neta, 3 200 millones, asusta hasta que se desglosa: 78 % está en rublos y grivnas, monedas que ya perdieron todo lo que tenían que perder. El riesgo de depreciación adicional es casi nulo y el flujo operativo en moneda local cubre 2,3 veces los intereses.
La clave está en el free cash flow que Uklon y Jazz empiezan a generar en moneda dura. Con servicios como Travel, la filial ucraniana puede pasar de break-even a 30 millones de dólares de cash anual en dos ejercicios. Jazz, por su parte, sumará 450 millones de dólares adicionales de EBITDA una vez que la nueva frecuencia esté integrada. Juntas, ambas operaciones añaden casi 500 millones de dólares de valor presente neto que el precio actual de mercado no está descontando ni por asomo.
El consenso de cobertura solo cubre cuatro casas de bolsa; todas llevan un mes subiendo sus modelos de forma silenciosa. El objetivo medio se ha desplazado de 2,10 a 2,85 dólares por acción en seis semanas, lo que implica un upside del 240 % sin contar los efectos de una eventual recompra de deuda con el excedente de efectivo.
VEON no necesita un giro milagroso. Solo hace falta que los inversores comprueben que la guerra y la hiperinflación no son el final del libro, sino el capítulo que justifica un múltiple de quiebra para una compañía que sigue facturando y, ahora, expandiendo. Mientras tanto, los tickets de bus y los megahertzios siguen sumando. La bolsa, tarde o temprano, restará.