Viridian se hunde tras datos que decepcionan a wall street

Viridian Therapeutics se desplomó más de un 36 % en la previa de la apertura después de que su fármaco estrella contra la enfermedad ocular tiroidea mostrara eficacia que, en la jerga del mercado, se resume en una sola palabra: floja. El elegrobart, administrado por inyección subcutánea, logró que solo el 36 % de los pacientes mejoraran el abultamiento ocular con dosis cada cuatro semanas; en el grupo con inyecciones cada ocho semanas la cifra subió al 45 %. Lo que parece un ligero empujón se quedó corto ante las expectativas que había alimentado la propia compañía.

La mejora media en la proptosis fue de 1,52 mm en el primer brazo y de 1,69 mm en el segundo. Cifras que, vistas sobre el papel, se antojan tímidas para una enfermedad que deforma el rostro y puede dejar a los pacientes con dolor crónico y visión doble. En la conferencia de analistas posterior a la publicación de los datos, el CEO se apresuró a destacar la “consistencia” de la respuesta, pero los inversores ya habían pulsado el botón de venta.

Oppenheimer corta el optimismo: «perfil insatisfactorio»

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Leland Gershell, analista de Oppenheimer, no se mordió la lengua: «El esquema menos frecuente ofrece un mejor equilibrio, pero el perfil de eficacia global nos deja fríos». La frase se tradujo en un torrente de órdenes de venta que arrastraron al título hasta los 17,50 dólares, su nivel más bajo desde septiembre. El 50 % de los ingresos futuros que algunos modelos de valoración daban por hecho se evaporaron en cuestión de minutos.

El contraste con Amgen resulta demoledor. La big pharma, que ya comercializa Tepezza para la misma indicación, repuntó un 0,9 % hasta 351,74 dólares. Los gestores de cartera interpretaron el revés de Viridian como un regalo envuelto para el competidor: menos presión de precios, menos dudas sobre la duración del liderazgo de Tepezza.

En la trastienda del mercado se comenta que los fondos de especialidad en salud que apostaron fuerte por VRDN en el tercer trimestre ahora se lanzan a recortar posiciones antes del cierre del año. El objetivo: evitar que el desastre contamine sus ratios de rentabilidad cuando los inversores revisen las cartas de octubre. La moraleja es clara: en fase III no valen medias tintas; o se rompe el umbral del 50 % de respuesta o el castigo es inmediato.