Washington pagará 1.000 m$ a total para que aparque el mar de turbinas y saque crudo

El Departamento del Interior acaba de firmar el cheque más caro de la era Trump: 1.000 millones de dólares para que TotalEnergies desmantele sus planes de parque eólico en el Atlántico y desvíe todo el capital a perforar petróleo y gas en aguas estadounidenses. La noticia, filtrada el 24 de marzo, golpea de lleno a la estrategia verde de la era Biden y convierte al gigante francés en la primera gran petrolera que cobra por no generar energía limpia.

Cómo se negocia un gigavatios de ventaja

La operación es más que un simple soborno. Total recupera cada dólar que desembolsó en los contratos de arrendamiento firmados entre 2021 y 2023, cuando la Administración anterior subastó 480.000 acres frente a Virginia y Carolina del Norte para plantar turbinas. Ahora, ese dinero regresa a las arcas de la compañía con un único condicionante: reinvertirlo en Texas y en el Golfo de México.

La contraoferta es inmediata: 928 millones en 2025 para cuatro nuevos trenes de licuefacción en la planta Rio Grande LNG de Brownsville, más pozos de crudo convencional y lutitas en aguas federales. Patrick Pouyanné, consejero delegado de Total, lo resume en una frase que suena a epitafio de la transición: «Desarrollar eólica offshore ya no es de interés nacional».

El precio oculto de llenar europa de gas rojo

El precio oculto de llenar europa de gas rojo

El Departamento del Interior justifica el desembolso como «una medida de seguridad energética»: el gas licuado que salga de Texas llegará a terminales europeos para alimentar centrales y centros de datos. Pero el cálculo político es más brutal: cada megavatio que no se instale en mar abierto es un votante marinero que no verá horizontes llenos de hélices.

Total, que ya cotiza entre los 15 valores large cap con mayor dividendo, se asegura así un flujo de caja garantizado por el Tesoro mientras sus competidores aún luchan por permisos ambientales. El mensaje a los inversores es claro: el riesgo regulatorio desaparece si la estrategia se alinea con el inquilino de la Casa Blanca.

La ironía es dolorosa. Los contribuyentes estadounidenses pagarán para que Europa reciba gas extraído bajo normas más laxas que las que rigen en el Mar del Norte. Y los títulos de Total, lejos de castigarse, se revalorizan en París ante la promesa de ingresos indexados a un contrato de 20 años.

El mercado ya ha hablado: el día tras la filtración, el ADR de Total en Nueva York subió un 3,2 %, arrastrando al sector energético y dejando en evidencia a los fondos ESG que aún mantenían posiciones esperando un giro verde. La transición, al menos en el Atlántico, acaba de ser abortada por un cheque firmado con tinta negra.