Waters desencadena la tormenta: kraken entra en la reserva federal y el congreso pide la cuenta
La presidenta demócrata del Comité de Servicios Financieros de la Cámara baja, Maxine Waters, ha puesto el dedo en la llaga: quiere que el Fed de Kansas City explique, por escrito y antes del 10 de abril, qué artilugio legal usó para abrirle la puerta de Fedwire a Payward Financial, la matriz de Kraken. Es la primera vez que un exchange de criptomonedas accede directo a los raíles de pago soberano de EE.UU. y Washington acaba de encender las alarmas.
Una cuenta que no existe en la ley
El 4 de marzo el banco regional aprobó lo que llamó «cuenta de propósito limitado». El problema: esas palabras no aparecen ni en el Federal Reserve Act ni en las guías de 2022 de la Junta de Gobernadores. Waters, en su carta al presidente del Fed regional, Jeff Schmid, lista lo que falta: base estatutaria, transparencia y coordinación con otros supervisores. La conclusión es demoledora: «No hay marco. Se inventaron la categoría sobre la marcha».
Para Kraken el premio es jugoso: olvida a los bancos corresponsales, reduce la dependencia de terceros y blinda la liquidez contra los cierres de cuenta que han asfixiado al sector. El exchange opera bajo la carta Wyoming SPDI, sin préstamos y con reserva del 100 %. Ahora mueve sus operaciones por Fedwire y, en teoría, FedACH, aunque el Fed se niega a desvelar el alcance exacto.

El experimento que incomoda a todos
La vicepresidenta de supervisión, Michelle Bowman, lo definió como «un piloto de un año». Palabra clave: piloto. No precedente. La trampa legal es evidente: si algo sale mal, la Reserva dirá que era solo una prueba; si funciona, otras firmas exigirán la misma llave. Mientras tanto, la Bank Policy Institute ya ha cargado: «Ignoraron el proceso de consulta pública y nadie sabe qué riesgos se asumen».
El fantasma de Custodia Bank, que llevó al Fed a juicio y perdió en 2024, planea sobre la sala. La sentencia entonces avaló la discrecionalidad regional para denegar cuentas a bancos estatales no miembros. Ahora, sin cambiar la ley, Kansas City ha torcido el camino. La diferencia: esta vez la Casa Blala cambió de manos y la postura regulatoria se volvió más… flexible.
La carta de Waters no es un simple requerimiento. Es un aviso de que el congreso quiere recuperar el timón antes de que otras casas de cripto crucen la puerta giratoria. Los bancos tradicionales, sorprendentemente, están del mismo lado: temen competir con rivales que no cargan con los mismos costes de capital ni la vigilancia del FDIC.
La Reserva tiene tres semanas para entregar papeles. Si Schmid no convence, la próxima parada puede ser una audiencia pública donde la «cuenta de propósito limitado» se desmonte pieza por pieza. Y mientras Washington discute si fue legal, Kraken ya mueve dinero por los cables que antes estaban vedados. La pregunta no es si esto cambia el juego; la pregunta es cuánto durará antes de que alguien frene el experimento.
