El acero vuelve a rugir: el us navy quiere un acorazado con cañón de riel listo en diez años
La orden llegó en diciembre y el reloj ya corre: un buque que EE.UU. no construye desde 1945 regresará a los astilleros para enfrentar Irán, China y el tiempo mismo. El USS Defiant (BBG-1) promete 880 pies de longitud, 30 nudos de velocidad y un arsenal que incluye láseres, hipersónicos y, sobre todo, un cañón de riel capaz de lanzar a Mach 7 por 25.000 dólares el disparo. El problema: nadie sabe quién lo pagará ni quién lo fabricará.

La guerra de las electromagnetas empieza en bolsa
El Pentágono retomó los ensayos en White Sands apenas asumió Trump. Tres días de fuego seco para resucitar un programa que Biden enterró por costoso y experimental. La pista principal: BAE Systems ya entregó un prototipo y cotiza en NASDAQ bajo el ticker BAESY. Su capitalización roza los 80.000 millones y el dividendo paga 1,67 %. La competencia, General Atomics, es privada y no da acceso al retail. El dilema para el inversor es binario: entrar al británico o quedarse en la orilla.
El gasto inicial del Navy supera los 5.000 millones solo en investigación y desarrollo. Huntington Ingalls, que ya sufrío con el USS Gerald R. Ford —doce años del corte del primer acero a la botadura—, advierte que un acorazado llevaría, mínimo, otra década. El diferencial esta vez es el riel: no necesita pólvora, solo electricidad y un proyectil de 45 cm que cuesta menos que un Tesla Model 3.
Japón no se durmió. La Agencia de Adquisiciones de Tokio nunca canceló su programa y Japan Steel Works ya prueba cañones de 16 megajulios en tierra. Si Washington se duerme otra vez, el primer acorazado futurista podría surcar el Pacífico con bandera nipona antes que una de estrellas y franjas.
El mercado castigó a BAE el viernes con un -2 %, pero el volumen fue apenas un tercio de la media: nadie quiere venderse de la partida. El railgun es la estrella, pero el contrato total incluye reactores nucleares, sistemas láser de 300 kW y una red de satélites que disparará por encima de la órbita de la ISS. El ticket completo superará los 25.000 millones antes de que toque agua.
Los fondos de defensa ya acumulan posiciones. El iShares U.S. Aerospace & Defense ETF sube 18 % en el año y el flujo de entrada duplicó el promedo de 2024. La lógica es fría: mientras el Congreso discuta presupuesto, los contratos se firman en silencio y los precios se descontarán antes del primer casco.
El acero vuelve a rugir, pero esta vez lo hace con electrones en lugar de pólvora. El que espere ver flotar al Defiant para abrir la carpeta de inversiones habrá perdido la mitad de la carrera. En diez años el mundo medirá el poder naval por megajulios, no por tonelaje. Y los beneficios, como los proyectiles, se lanzan hoy.
