La fed aprieta y la fiesta bursátil de trump se tambalea: gas, guerra y tiples en dan

Wall Street acumulaba 142 % de revalorización en el Nasdaq bajo Trump hasta que el 28 de febrero el Estrecho de Ormuz se cerró como una cortina metálica. Desde entonces el crudo se ha disparado, la gasolina ha subido un 34 % y los futuros del S&P 500 han perdido el pulso de los récords.

El petróleo vuelve a ser la bomba de relojería de la inflación

El cierre iraní deja a diario fuera del mercado 20 millones de barriles, el 20 % del consumo planetario. El WTI y el Brent se han ido al cielo y la bomba de gasolina roza los 4 dólares la galón. Para la familia media es un sablazo de 3,1 % de su presupuesto, pero el verdadero problema no está en el surtidor: está en el edificio de la Reserva Federal.

La inflación subyacente, que el banco central lleva 18 meses combatiendo con seis recortes de tipos, saltará del 2,4 % al 3 % en marzo y los analistas de Cleveland ya avisan: si el conflicto se alarga, el índice podría perforar el 4 %. Eso obligaría a Powell —o a su sucesor el 15 de mayo— a retirar el caramelito de los nuevos recortes y, peor aún, a abrir la puerta a una subida.

El s&p 500 cotiza como si los tipos fueran a seguir cayendo

El s&p 500 cotiza como si los tipos fueran a seguir cayendo

El Shiller P/E cerró 2025 en 38,5, su segunda valoración más alta en 155 años. Ese precio solo tiene sentido si el dinero sigue siendo gratis. Si la Fed gira el timón, el ajuste puede ser vertical: el consenso de bancos de inversión apunta a un 15 % de descuento mínimo en el índice de referencia.

La grieta interna en el FOMC agrava el riesgo. Las últimas seis reuniones han terminado con disidencias cruzadas: un miembro pidiendo no tocar los tipos y otro exigiendo un recorte de 50 puntos. La unanimidad que blindó a Powell se desmorona justo cuando el mercado más necesita una voz única.

La moraleja es fría: si se produce un crash bajo el segundo mandato de Trump, no será culpa del precio del gas. Será porque la Fed, atrapada entre la guerra y el empleo, tendrá que elegir entre inflación o recesión. Y Wall Street odia las disyuntivas.