Powell culpa a trump por la inflación que no cede y paraliza recortes
La Reserva Federal dejó los tipos igual por segunda vez consecutiva y el presidente del organismo, Jerome Powell, volvió a señalar con el dedo a los aranceles de Donald Trump como el lastre que impide que la inflación baje del 2 %. La guerra de Irán ya encarece el crudo, pero en el FOMC de marzo el enemigo interno se llama guerra comercial.
Powell repite la letanía: la inflación de bienes viene por los aranceles
La frase que más se repitió en la rueda de prensa fue casi calcada a la de enero: «los efectos arancelarios». Powell lo dejó claro: el núcleo duro del índice de gasto de consumo personal (PCE) sigue alto «principalmente por la inflación en el sector de bienes» y esa presión «refleja los aranceles». El resto del tablero —servicios, alquileres, salarios— muestra desinflación, pero el impuesto a la importación lo tapona todo.
El mensaje es una advertencia para inversores que apostaban a recortes continuos. El mercado ya había empezado a descontarlo: el S&P 500 acumula dos semanas de caídas y el Nasdaq perdió un 4 % en cinco días. El motivo no es solo el Brent en 92 dólares; es que la Fed necesita «ver progreso» en la desinflación de bienes antes de mover la palanca de los tipos y ese avance no llega.

La zancadilla de 2018 vuelve a escena: empleo y beneficios bajo presión
Los economistas de la Reserva de Nueva York recordaron el pasado mes de diciembre lo que ya sucedió con la primera tanda arancelaria contra China: entre 2019 y 2021 las empresas expuestas sufrieron caídas medias en empleo, ventas, productividad y beneficios. El «impuesto a las materias primas» —los aranceles sobre insumos— elevó los costes de producción internos y menguó la competitividad de las plantas nacionales.
La moraleja que extraen los analistas es que los aranceles no discriminan entre producto final e insumo. Subir el precio del acero para proteger a la siderurgia encarece también a los fabricantes de autos, electrodomésticos y construcción. El efecto se filtra en los márgenes corporativos y, tarde o temprano, en los precios al consumidor. El bucle se cierra: más inflación, menos margen para la Fed.
La consecuencia inmediata es una curva de tipos que se estrecha y un mercado acostumbrado a comprar cada ligero dip que empieza a dudar. La valoración del S&P 500 ronda 21 veces beneficios esperados, un nivel que solo se sostiene si llegan los recortes. Sin ellos, la corrección puede llevar al índice a testear los 4 800 puntos, un 8 % por debajo del máximo.
Wall Street baila al son de una Fed que ya no promete nada. Powell retiró la palabra «paciente» del comunicado y se limitó a repetir que la próxima jugada depende de los datos. La próxima lectura clave será el PCE de abril, publicado justo después del informe de empleo. Si la inflación de bienes sigue sin ceder, los recortes se desvanecerán del horizonte y el primer país en crear un billonario gracias a la IA podría ver cómo sus acciones se desploman antes que su fortuna toque esa cifra imposible.
