Trump cede: acepta un irán sin control del ormuz y wall street festeja
La guerra contra Irán podría terminar antes de lo previsto, aunque el Estrecho de Ormuz siga cerrado. Donald Trump lo ha admitido ante su equipo y los futuros del Dow se dispararon 0,6 % en la sesión nocturna. El petróleo, que tocó los 106 dólares tras el ataque a un petrolero kuwaití, retrocedió hasta los 103. El mensaje es claro: el presidente ha puesto fecha de caducidad al conflicto y esa fecha no pasa de seis semanas.
El plan de salida que nadie esperaba
Trump ya no exige una rendición naval iraní como condición para dejar de bombardear. Su nuevo guion, revelado por altos funcionarios al Wall Street Journal, tiene tres actos: destruir la marina y las baterías de misiles de Teherán, declarar la victoria y pasar la patata caliente a Europa y los países del Golfo. La lógica es brutal: abrir el Ormuz por la fuerza sumaría meses de combates y él no tiene meses, tiene campaña.
El giro sorprende porque el propio Trump amenazó este lunes con atacar infraestructura civil si el estrecho no se reabre. Ahora, sus asesores interpretan esa dureza como teatro interno: el mandatario necesita sonar feroz mientras negocia una retirada que no parezca huida. El mercado ha elegido creer la segunda versión y ha vendido crudo a la velocidad del rayo.

¿Quién paga el desastre del ormuz?
El plan tiene un claro perdedor: el petróleo. Cada día que pasa sin que pase un petrolero por el punto más estrecho del planeta encarece la gasolina en Ohio y la electricidad en Lahore. Trump apuesta a que la presión diplomática —y la factura— harán que Francia, Reino Unido o Arabia Saudí monten una misión marítima para desbloquear el paso. Washington aportaría inteligencia, no barcos. Es la externalización de la guerra sin llamarla así.
Los futuros del crudo ya descuentan un regreso a la normalidad antes de verano. Pero hay un detalle: Irán ha demostrado que puede hundir un buque cada vez que le apetezca. Y si vuelve a hacerlo después de la tregua, el escenario se repite. La Casa Blanca apuesta a que no lo harán: su arsenal submarino y de misiles habrá quedado diezmado. Apuesta. No lo sabe.
Wall Street, por ahora, se queda con la primera parte del cuento. El S&P 500 recuperó el terreno perdido durante la sesión y los inversores han dejado de comprar oro como si mañana fuera el fin. La ironía es que la paz llega no cuando se vence al enemigo, sino cuando se decide que ya se le ha golpeado lo suficiente para venderlo como victoria. Trump ha encontrado su fecha de caducidad y el mercado le ha dado la razón: 103 dólales por barril y seis semanas de plazo. El resto es ruido de campaña.