Trump regala 12.000 millones a los agricultores y la mitad va a bolsillos millonarios
El tractor dorado que decoró el césped de la Casa Blanca el viernes brillaba tanto como la promesa de Donald Trump: 12.000 millones de dólares «para los granjeros». Lo que no reflejaba la laca de la máquina era el destino real de ese dinero: más de la mitad de los subsidios agrícolas federales se lo reparten el 10 % de las explotaciones más ricas, mientras la Casa Blanca sigue vendiendo la imagen del agricultor arruinado por la guerra de Irán y los aranceles.
La cuenta atrás del seguro agrícola
El programa federal de seguros de cosecha nació en 1938 para sacar al campo estadounidense del polvo de la Gran Depresión. Ochenta y ocho años después, ha mutado en un fondo de 14.700 millones anuales que garantiza hasta el 62 % de la prima de los seguros de maíz, soja, algodón y 120 productos más. El problema: no hay techo de renta. Resultado: 1.314 agricultores que declararon más de 900.000 $ al año siguen coblando cheques del Tesoro.
El Government Accountability Office desveló que cuatro multimillonarios —fortunas hechas en minería, bienes raíces y tecnología— reciben primas de seguro por tierras que apenas visitan. Sus nombres están blindados por la ley de privacidad agrícola, un escudo que convierte al USDA en la única agencia federal que oculta a sus beneficiarios.

El negocio redondo de aseguradoras y granjeros
De los 14.700 millones que costará el programa en 2026, 5.100 van directo a las aseguradoras: 14 compañías reparten el 73 % de las pólizas y facturan comisiones garantizadas por ley. «Es como si el Estado te pagara el 60 % del seguro de tu coche y encima regalara el beneficio a Geico», resume Chris Edwards, director fiscal del think tank Cato.
El Congreso acaba de recibir la petición de Trump de incluir más ayuda en el próximo omnibus de gasto. La Casa Blanca no detalla el monto, pero fuentes de la comisión de Agricultura hablan de otros 8.000 millones. Con ello, el subsidio agrario rozará los 23.000 millones anuales, cifra superior al presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental.
Mientras, el ingreso medio de un hogar agrícola trepó el año pasado a 159.334 $, 32 % por encima de la media nacional. «El gancho electoral es el sombrero vaquero, pero el dinero termina en los jets privados que aterrizan en Iowa», me dijo un lobby que prefiere no figurar.
La guerra de Irán encarece el fertilizante, y los aranceles chinos siguen ahogando las exportaciones de soja. Pero la frase que retumbó en el Sur del jardín de la Casa Blanca fue otra: «Les acabo de dar 12 mil millones». Detrás del tractor dorado, los asistentes aplaudieron. Delante, la factura la pagarán —otra vez— los contribuyentes.
