Aardvark frena su fármaco estrella tras latidos anómalos en voluntarios sanos
Aardvark Therapeutics ha pulsado el botón de emergencia. La biotech, que cotiza en bolsa por menos de un café, ha paralizado de golpe los ensayos de fase 3 de su prometedor ARD-101 contra el síndrome de Prader-Willi y su programa contra la obesidad ARD-201. El motivo: los electrocardiogramas de voluntarios sanos han dibujado unos picos inquietantes.
El hallazgo que nadie esperaba
No fue un paciente crítico ni un efecto adverso grave. Fue una simple prueba de tolerancia en gente sana. Dos de ocho participantes que recibieron 1.600 mg dos veces al día vieron cómo su intervalo QRS se estiraba más de un 25 %. Otro, por los pelos. La compañía bajó la dosis a 800 mg; 23 nuevos voluntarios y el fantasma volvió a aparecer, aunque de forma reversible y sin síntomas. Aardvark habla de «relación clara entre exposición y riesgo», una forma elegante de decir que cuanto más fármaco, más probabilidad de que el corón se desacelere.
La FDA aún no ha alzado la voz, pero la empresa prefiere no arriesgar. Ha congelado los ensayos, blindado la batería de pruebas cardíacas y promete novedades en el segundo trimestre. El mercado, que había soñado con un multiplicador x10, ha visto cómo el valor se desplomaba un 38 % en preapertura.

Caja fuerte y reloj en marcha
El golpe llega en el peor momento: Aardvark acaba de cerrar 2025 con 110 millones de dólares en efectivo, suficiente para respirar hasta mediados de 2027. Pero el dinero no cura la incertidumbre. Los inversores que apostaron por la historia de la «píldora que apaga el hambre genética» ahora calculan cuánto tardará la FDA en exigir un estudio de cardiotoxicidad completo, cuánto costará y si quedará algo de valor tras la reedición de los protocolos.
La lección es vieja: en biotech, la distancia entre un blockbuster y un fiasco se mide en milisegundos sobre un ECG. Aardvark lo ha comprobado en sus propias venas. Mientras tanto, los promotores del «1.000 % de upside» callan y el ticker NASDAQ:AARD deja de sonar como sinónimo de oro para convertirse, de momento, en un eco de latidos anómalos.
