Broadcom y marvell se desangran por el trozo más jugoso del pastel de chips ia
Mientras la bolsa duerme, broadcom y Marvell se apuñalan por un mercado que ya mueve más de 30.000 millones al año. La guerra de los ASIC –esos chips hechos a medida para que Google, Meta o OpenAI no tengan que fiarse de los GPUs de Nvidia– acaba de subir un octavo de tono tras las cuentas del primer trimestre: Broadmete 19.000 millones de dólares, un 29 % más; su línea IA crece un 106 % en doce meses.
El gigante que ya no cabe en la sala
La clave de broadcom es su tamaño: controla el 70 % del mercado de aceleradores personalizados. Alphabet, Meta, OpenAI y Anthropic le pagan religiosamente por adelantado para que no les falte silicio en la cena. Con esa chequera encima, la compañía guía 22.000 millones para el segundo trimestre, un 47 % arriba. Y aun así el título se dejó un 7 % en lo que va de año. Traducción: se cotiza a menos de 30 veces beneficios futuros y reparte 0,65 dólares por acción cada tres meses. El moat es tan ancho que ya parece un lago.
Pero el crecimiento descomunal tiene fecha de caducidad. Los analistas empiezan a preguntarse cuánto durará la fiebre de los grandes modelos lingüísticos sin que aparezca un comprador nuevo. Google, por ejemplo, ya experimenta con TurboQuant, una compresión que reduce memoria y, de paso, la necesidad de chips. No es una amenaza inminente, pero late en el tejado.

El enano que corre descalzo
Marvell no tiene el volumen de broadcom, pero lleva las zapatillas puestas. Cerró el año fiscal 2026 con 8.200 millones de ingresos, un 42 % más, y disparó el beneficio por acción un 81 %. Matt Murphy, su CEO, promete acelerar el crecimiento trimestre a trimestre hasta alcanzar el 30 % anual. El truco: Amazon Web Services le encarga cada vez más silicona y las adquisiciones recientes le abren la puerta al almacenamiento optico y al Ethernet de ultra-alta velocidad.
El riesgo es la dependencia. Más del 40 % de sus ventas de ASIC vienen de AWS. Si Amazon decide fabricar sus propios chips o apriega el grifo, Marvell se queda sin oxígeno. Por eso Murphy habla ya del 20 % de cuota global: necesita nuevos clientes y necesita que los tenga ya.

Cómo apostar sin llorar después
La disyuntiva es clara: broadcom paga y protege; Marvell crece y espanta. El primero cotiza como un banco suizo que fabrica silicio; el segundo, como una start-up con facturas. Los números hablan: broadcom cambia de manos a 29 veces ganancias futuras y 1,5 veces sus ventas; Marvell, a 28 veces pasadas y PEG de 1, es decir, justo de precio si cumple lo que promete.
La decisión se reduce al estómago del inversor. ¿Prefiere cobrar 2,6 % de dividendo y dormir o arriesgar por un 30 % de re-valoración que puede evaporarse si AWS estornuda? El mercado de chips a medida no entiende de medias tintas: o te subes al tren o te comes la vía.
Wall Street ya eligió: el consenso apunta a un 12 % de alza para Broadcom y al 25 % para Marvell en los próximos doce meses. Pero los analistas no ponen la cara cuando fallan. En este negocio la única certeza es que el silicio se funde a 1.400 °C y los sueños de los inversores, a la primera revisión de guidance.
