Openai entierra a sora: los 15 m diarios que hundieron la joya de la ia

Tyler Perry frenó en seco un estudio de 800 millones en Atlanta cuando vio lo que Sora podía hacer. Dos años después, OpenAI apaga la luz al modelo que prometía reescribir Hollywood por 15 millones de dólares cada noche.

El sueño de una cámara sin operadores se desvanece

La aplicación lanzada en octubre pasado logró un millón de descargas en 48 horas. Luego el interés se desplomó: los creadores se cansaron del slop de vídeo, los anunciantes devolvieron los contratos y Disney, pese al acuerdo, no llegó a estrenar ni un corto. El ticket de explotación fue ridículo: 2,1 millones de ingresos frente a 15 millones de quemadura diaria en GPUs.

Hollywood respiró. Los gremios temían un tsunami de despidos, pero los estudios prefirieron proteger sus backlogs antes que regalar sus archivos a un algoritmo que podía clonar hasta el gesto de la estrella. El resultado: Sora quedó sin películas que generar y sin público que las viera.

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Sam Altman activó la semana pasada el protocolo de ahorro: despidos en Teragon, cierre de Sora y garantía del 17,5 % de rentabilidad mínima a los inversores del nuevo vehículo conjunto. La fuga de caja de OpenAI superará este año los 17 000 millones; Anthropic y Google, con la chequera de Alphabet detrás, no necesitan vender la joya de la abuela para seguir creciendo.

La jugada deja un vacío que Google ya estudia llenar. Con YouTube como plataforma de distribución y 175 000 millones de capex previstos para 2026, Alphabet puede darse el lujo de lanzar su propio Sora sin pedir permiso a nadie. Además, su inversión en Anthropic le da doble filo: si Claude se come a ChatGPT, también gana.

El mensaje es brutal: en la nueva bolsa de valores de la IA, el burn rate pesa más que el demo sexy. Perry ya ha retomado los planos de su estudio; los 800 millones siguen en la mesa, pero ahora sabe que la próxima revolución no vendrá de un render, sino de quien tenga efectivo para pagar la factura de la luz.