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Tesla y spacex se fundirán en 2027: la apuesta que nadie quiere perderse

Elon Musk ya no vende coches. Vende futuro. Y ese futuro pasa por una sola empresa que englobe a Tesla, SpaceX y xAI. Dan Ives, el gurú de Wedbush que acertó cada gran movimiento de Musk en los últimos cinco años, repite sin parar: la fusión está servida para 2027. La clave no es la promesa; es el silencioso entramado de dinero y silicio que ya se teje en Austin.

El terafab que lo cambia todo

En la periferia de Austin, Texas, dos plantas de 5 nm respiran al unísono. Una producirá chips para que los Tesla circulen sin conductor y los robots Optimus caminen entre nosotros. La otra alimentará centros de datos flotando a 500 km de altura, donde el sol nunca se oculta y la energía no paga factura. Ese es el Terafab, la co-fábrica que Musk y Gwynne Shotwell sellaron en secreto hace meses. Ives lo llama «el paso cero» de la integración total.

La urgencia es real. Musk confesó en la última call que la escasez de GPUs –no de baterías– frena su plan de crecer al 50 % anual. TSMC, Samsung y Micron le han dicho que no pueden saturarle más cadencias. Su respuesta: convertir Fremont en una fábrica de wafers de 300 mm y dejar de ensamblar Model S y X para siempre. La línea de Optimus, lista para producir un millón de unidades al año, ya ocupa el antiguo hangar de pintura de los sedanes.

El trío que se aprieta el cinturón

El trío que se aprieta el cinturón

Mientras tanto, el dinero se mueve en espiral. Tesla inyectó 2 000 millones en xAI; meses después, SpaceX absorbió la startup y convirtió esa deuda en un 0,8 % de capital. Apenas un decimal, sí, pero suficiente para que los reguladores de marzo 2026 registraran por primera vez un vínculo patrimonial entre las dos compañías. El CFO Vaibhav Taneja no lo ocultó: «Es parte del Plan Maestro IV». Traducido: Grok ya habla desde el salpicadero y pronto decidirá cuándo y dónde recoge pasajeros sin conductor.

La jugada maestra llega en órbita. SpaceX ultima su OPV para mediados de 2026: busca 75 000 millones y una valoración de 1,75 billones. El prospecto filtrado destina la mitad del dinero a lanzar data centers espaciales que escapan de la red terrestre. La razón: en 2030 los centros de EE. UU. devorarán 470 TWh, el 12 % de toda la electricidad del país. El Sol, allá arriba, no entiende de picos de demanda ni de legislaciones estatales.

Tesla ya no es una automotriz

Tesla ya no es una automotriz

Los márgenes lo gritan: 17,9 % en autos, récord. Pero el negocio energético ya factura 12 800 millones anuales y crece al 60 %. Para 2026 Musk se ha comprometido a desembolsar más de 20 000 millones: seis gigafábricas, nubes de GPU y una flota de 10 millones de robotaxis que, según sus propios ingenieros, circularán sin supervisión en 16 ciudades antes de que acabe el año. Austin ya prueba el servicio sin conductor ni coche de seguridad: pagas con la app y el Cybercab aparece solo.

Wall Street se divide. El consenso fija un precio objetivo de 408 dólares; la acción anda cerca de 362. Pueden parecer solo 46 dólares de diferencia, pero implica una capitalización extra de 150 000 millones si Ives acierta y la fusión se consume. Quince analistas gritan «compra fuerte»; nueve recomienden venderlo todo. La apuesta no es contra el coche eléctrico: es contra un ecosistema que ya no necesita ni carreteras ni cables para dominar la energía, la inteligencia y el transporte.

La próxima vez que alguien diga que Tesla está sobrevalorado, recuérdele que ya no cotiza como una automotriz. Cotiza como la puerta de entrada a un imperio que empieza en la fábrica de Austin y termina en la órbita terrestre. Y esa puerta, para quienes entraron antes de 2027, tendrá precio de despegue.