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Tsm se desploma 7 % y los inversores huyen: la guerra de irán enciende la alarma en el chip más codiciado

El precio de Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSM) se ha desangrado un 7 % en cuatro semanas. No es un castigo por cuentas, sino por miedo: el estrecho de Ormuz, esa arteria por donde pasa el 97 % del gas que necesita Taiwán para fabricar sus pastillas de silicio, huele a pólvora.

El suministro de gas natural solo da para 11 días

Mientras los buques de LNG zigzaguean entre fragatas, la isla guarda en depósitos lo justo para una semana y media. Shanaka Anslem Perera lo resume con frialdad: 11 días de reservas. Cualquier cierre parcial del estrecho catapultaría el coste energético de TSMC y encarecería cada wafer que sale de Hsinchu.

La compañía lo sabe y, aun así, acaba de cerrar el mejor trimestre de su historia: 33.100 millones de dólares de facturación entre octubre y diciembre, un +25,6 % interanual. El margen bruto roza el 62 % y la inteligencia artificial ya representa la mitad de sus ingresos. La contradicción es brutal: números de ensueño y cotización en picado.

El motivo está más allá del balance. Los fondos ven un mapa de riesgo que no aparece en los informes trimestrales: Irán, Ormuz, helicópteros y misiles. El 72 % de los chips del planeta nacen en las fábricas de TSMC; si el gas se encarece, el precio de cada GPU sube y la cadena global se resiente.

La guerra no frena a la ia: 52.000 millones de dólares en nueva litografía

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La dirección ha decidido ignorar el ruido. El capex para 2026 rondará los 52.000-56.000 millones, la mayor cifra jamás presupuestada, y casi todo irá a nodos de 2 nm y 1,4 nm. El objetivo: crecer otro 30 % este año y multiplicar por cinco los ingresos de aceleradores de IA antes de 2030.

El mercado, atrapado entre el miedo al Hormuz y la codicia por el silicio de última generación, desconta un premio de riesgo que nadie sabe medir. La última vez que TSM cayó tanto fue en octubre de 2022, cuando Xi Jinping amenazó con «resolver» Taiwán. Dos meses después las acciones habían recuperado el 35 %.

La pregunta no es si el mundo puede fabricar chips sin TSMC —no puede—, sino cuánto están dispuestos a pagar los inversores por asumir la geografía del conflicto. La respuesta llegará cuando el primer carguero de gas atraviese Ormuz sin escolta. Hasta entonces, la volatilidad es el único dividendo seguro.